Puta la suerte

lunes, 2 de abril de 2012




Puta la suerte, había escondido la plata por algún lugar anoche cuando todavía estaba ebrio y ahora por la mañana, resacosa mañana por cierto, no puedo encontrar la billetera, así que decidí llamarla a Carla, creo que ella fue la ultima persona que vi anoche, hasta donde me acuerdo, estaba sentado en la plaza tomando cerveza y fumándome un porro, cuando la veo acercarse Carla con esas caderas que se mecen de un lado a otro, realmente Carla es fuego, fuego puro, las veces que me masturbe pensando en ella, miles…

Pero a ella le gustan las mujeres, y tiene el pelo largo y negro, los ojos siempre delineados de negro y la piel blanco porcelana, es ardiente, y es como yo por eso es mi mejor amiga, recuerdo una vez, había venido a casa con Verónica su novia (de turno) de ese entonces, Verónica no era realmente bonita pero tenia unas piernas poderosas llevaba unas zapatillas Vans que le quedaban mas que genial y tenia una personalidad realmente encantadora, parecía una persona normal entre nosotros, recuerdo no poder dejar de ver esas piernas mientras nos emborrachábamos y fumábamos, ella fumaba Malboro y tenia unas gafas sin marco  y un piercing en la boca en el medio del labio inferior, pasaban las horas y nos poníamos mas ebrios, Carla en el medio de la charla toma la cabeza de Verónica y la besa mete su lengua dentro podía verla, podía ver las caderas y el culo de Carla tan pegado a las piernas de Verónica, Carla me mira mientas se besan, baja la mirada y se aleja me pide perdón.

-          No hay por que – dije – sigan un poco mas que tengo un par de monedas
-          Sos un asco -  dice Carla - con una sonrisa en la boca

En fin, la primera en desmayarse fue Verónica, después de vomitarme el baño, como siempre, las mujeres manchan un poco mas de vomito a mi alma y mi tocador, los tipos son mas directos casi siempre te avisan antes de vomitarte el alma, para esas cosas es mejor no dar sorpresas. Estábamos con Carla sentados en el sillón mientas escuchábamos vomitar a Verónica.

-          Creo que realmente estoy sintiendo algo por esta pelotuda – Dice Carla exhalando el humo del cigarrillo
-          ¿Amor? – dije
-          No lo se, pero sé que es algo, creo que un afecto mas… mas grande
-          Es el principio del amor, es el principio del fin
-          Puta madre, creo que tenes razón – me dijo

Seguimos tomando yo había cobrado hacia poco tiempo así que teníamos cerveza de sobra, eso me gustaba, me gustaba la compañía de Carla, era la única persona que me pudo soportar tantos años, por lo general, la gente se cansa en menos de un año, y luego, tengo que volver todos los días a mi cueva de soledad en mi habitación a escribir y masturbarme, mientras me drogo y veo  películas de Rock, todo eso, solo.

Estaba Carla encima mio, muy ebria, yo estaba acostado en el sillón y ella apoyo su cabeza contra mi pecho y quedo dormida, sentía su perfume, parecía adornar el ambiente y quedarse en mis cortinas en mi ropa en mi pecho en mi corazón parecía poder verlo como flotaba en el ambiente, podía verlo correr por ahí, Carla siempre me pareció una gran y hermosa mujer, pero por las que su culo y sus caderas fueran tan excitantes me provocaba una especie de amor tenerla en mi pecho y también por que no de ternura, realmente había adquirido sentimientos por esa mujer, mi única amiga, la que mas duro y la única persona que nunca se fue.

Sentía ruidos en el baño, y Carla se durmió derrotada en el sofá, como pude, la corrí hacia un costado y cayo redonda en el sofá donde se quedo dormida, me dirigí lentamente al baño, caminando de puntas de pie para no hacer ruido, asome mi cabeza entre la puerta que estaba a medio abrir, la vi a Verónica tan tierna y patéticamente abrazada al inodoro, también completamente borracha, me acerque a ella y trate de levantarla, pero no se podía mantener de pie, no podía ni estar parada, miraba sus piernas, que desembocaban en esas zapatillas Vans, comencé a tocarle el muslo, mientras miraba por la puerta, luego me puse de pie y sali a controlar la situación, Carla dormía derrotada en el sillón, cerré la puerta y me desabroche el cinturón, me acerque a Verónica y puse mis manos en sus piernas, subí lentamente por su short de jean, y me desabroche la bragueta, saque el pene y comencé a masturbarme, ella no reaccionaba, luego la bese en el cuello y en todas partes del cuerpo, lentamente baje sus shores y se la metí, bombee un rato hasta que termine, la limpie un poco, y la levante en brazos, la lleve hasta el sofá junto a Carla y la deje ahí, luego levante a Carla y la lleve hasta la cama, la coloque boca a bajo y le toque el culo un largo rato, me masturbe y acabe en su espalda, luego, la metí bajo las sabanas y dormí abrazándola.

Me desperté no sabiendo muy bien donde estaba, pero Carla no estaba a mi lado, lentamente corrí mi cabeza y las vi estaban cogiendo en mi sofá, podría levantarme y tratar de sumarme parecería algo que nadie quisiera desperdiciar, pero por otro lado, ya había sido lo suficientemente mierda con las dos, así que las deje seguir en paz, dormí de nuevo.

Cuando desperté era tarde y llovía en La santa maría, hacia días que el sol no se asomaba, eso me gustaba, no quería ver el sol, cuando me senté en la cama para analizar la situación,  no las vi en el sofá, de repente Verónica salió del baño me miro sonrió y siguió hasta la cocina, mire sus piernas mientras se alejaban, me levante y me puse los pantalones, que los encontré por alguna razón debajo de la cama, prendí un cigarrillo, y fui hasta el baño, mire mi cara al espejo, necesitaba un afeitado, necesitaba suerte, necesitaba tantas cosas, sobretodo un espejo y una cara nueva, me lave los dientes, la lluvia golpeaba la ventana de vidrio, los pájaros esperaban resguardados en algún lugar junto con los vagabundos y mi principal preocupación era que tuviéramos cerveza suficiente como para no ir a comprar, cuando llovía, afuera como las calles eran de tierra mi cuadra se convertía en un puto pantano y salir a comprar un cajón de cervezas era tarea complicada, fui hasta la cocina y la encontré a Verónica cocinando no sé que cosa en una hoya mientras picaba cebollas en la tabla que tenia en mi cocina.

-          ¿Donde esta Carla? – Pregunte
-          Fue  a comprar
-          ¿Con esta tormenta?
-          Pidió un remis
-          ¿Se llevo los envases de cerveza?
-          ¡Si!
-          Oh gracias a dios – sonreí

Verónica se me acerca muy lentamente sonriendo y todavía con el cuchillo en la mano, me llegaba por el hombro era una pequeña mujer dotada de unas bellas piernas, me apoya sus pechos en mi estomago y su mano en la entrepierna, mirándome fijamente, su perfume aunque estaba tapado por una capa de olor a alcohol era intenso y lograba describirla muy bien era dulce y fuerte y apasionado, me susurra al oído.

-          No creas que no recuerdo lo de anoche

Ante tan terrible situación recordé exactamente lo que había echo, me sentí muy mal pero en el fondo realmente no, solamente lamentaba no recordar con exactitud esas piernas blancas y poderosas completamente desnudas, al parecer ella si, se escucha el ruido de la puerta, Verónica me suelta se aleja y sigue picando cebollas, entra Carla a la cocina con las Cervezas en bolsas blancas, voy a ayudarla las colocamos en la heladera y se va a la búsqueda de Verónica , que con un abrazo afectivo la recibe, y luego mirándome mete su lengua en la boca de Carla que me daba la espalda, mirándome fijo y con una especie de sonrisa, ya no tenia el cuchillo en las manos y con una de ellas le toco el culo firmemente, Carla se alejó un poco sonrojada, saque un porro de mi bolsillo y lo encendí, mientras Verónica no dejaba de mirar y sonreír, se me acerco me pidió una pitada, la fumo tiro el humo en mi cara y se alejó a seguir con las cebollas, Carla viene y me abraza afectuosamente, con su cabeza apoyada en mi pecho, pude sentir cariño y amor en ese abrazo, mientras Verónica me seguía mirando desde mi tabla, cortando y sonriéndome, en ese momento supe, que las cosas se me iban a complicar. 


Nec

Poesia mediocre II

martes, 7 de febrero de 2012




Puta

Puta no es la mujer parada en la esquina
Vendiendo sexo
Puta es la suerte, que cuando mas la necesitas se pierde
Y regresa cuando ella quiere
Puta no es la que te roba a tu marido
Puta es la policía reprimiendo
Por qué no tienen nada mejor que hacer
Puta no es la mujer
Que se acuesta con todos
Puta es la persona que disfruta verte sufrir
Puta no es mi madre
Puta es la vida, que se complica e histeriquea
Puta no son todas
Putas son pocas, pocas cosas
Pocas personas
No creo en las putas
Pero de que las hay las hay.


La razon de seguir

Había encontrado
Una pelota
Para jugar
Y eso fue mi razón de vivir
Por muchos años

Hasta que la conocí a Daisy
Y ella me dio otra
Mas importante
A mi parecer

Cuando se fue
Encontré una hoja de papel
Y ahora estoy
Tratando de no caer

Encontré también a Natty y a Linda
Que se marcharon rápidamente

Siempre es encontrar
Encontrar algo que te haga vibrar
Y cuando lo tenes
Es tan jodidamente dulce
Que parece
Que no vas a poder parar

Pero cuando se van
Y estas en esa isla
Solo como ayer

Solamente quedan cosas
Como una pelota para jugar
O una hoja de papel
Volviendo a las cosas

Que no te pueden hacer mal
Nunca.


La cuidad de las mil lagrimas


Casa, es la puta casa
De la que corro
Cada vez que escucho
Los gritos
Me refugio
En los vicios
Y en los mundos irreales
Que ofrecen al mejor postor

Por qué las calles de tierra
Son más difíciles de caminar
La lluvia moja más
Por qué se cola entre los techos
El sol calienta más
Por qué arde en las chapas


Cada noche se convierte
En la muerte
De algún pibe
O de algún sueño

Cada corrida, en la noche
Te hace más xenófobo
Te hace misógino
Te hace odiar

El de acá odia
A de más allá
Los otros odian a los nuestros
Los nuestros a los demás

Aprender
Entre la lluvia de piedras
No es fácil

Aprender
Cuando la policía
Reparte golpes de ignorancia
No es fácil
Es difícil creer
Que existe otra cosa
Para nosotros

Además de flotar
Hacia otra realidad
Para no llorar
Por qué acá
Los hombres y los niños
No lloran.


Color verde claro


Es la cuarta o la quinta ves
que me vuelvo a acobardar con tus ojos verde claro
Todos los días tomando coraje
Para que en solamente 5 segundos
Me mires tan profundamente como para correr la mirada

a veces las oportunidades están
Y no las sabemos aprovechar
Cada vez que veo tus ojos
Color verde claro
Me paralizo y pasan miles de cosas por mi cabeza

En ese colectivo solamente lo sabemos vos y yo
Cuando ese día me dibujaste un “hola” con los labios
Que tampoco supe responder
Miedo, temor, miedo
¿A que?

A ser feliz, a conocer, a cambiar
Miedo, el miedo esta presente en el peor momento
El miedo te impide todo lo que mas te hace falta
Los seres humanos a veces somos ilógicos
Y a veces somos cagones

Y a veces bastan un par de ojos
Color verde claro
Para darse cuenta
Cuando es demasiado tarde.


La silueta en la lluvia


Anoche me acorde
De vos cuando no podía dormirme
Sali a la noche
Y mire la luna

La última vez que te vi
Te fuiste y me dejaste
Tomando mi cerveza en el bar billares
Te enojaste, como siempre
Me gritabas con ese tono
Tan… trágico y yo sonreía
No pude escuchar mas nada
Después de el primer grito
Solamente miraba tus ojos
Grandes y expresivos
Que me decían mucho más
Más de lo que te imaginas
Y sonreía

Había comenzado a llover
Clavaste tus uñas en mi mano derecha
Como un halcón con su presa
Tu cara tenía furia
Pero tus ojos
Tus ojos tenían alma
Tanta, que parecía que iba a saltar sobre mí
A tratar de estrangularme

Comencé a sentirme mal
A preguntarme por que
Me pegaste una patada por debajo de la mesa
Que me hiso sentir vivo
Tan indefenso y frágil

Vos no sos para mí
Y lo sabes
Sabes que yo tampoco soy para vos
Somos demasiado poco
Para ambos
Merecemos algo mejor
Y a la vez somos lo mejor que nos paso

Cuando saliste y te mesclaste con la lluvia
Sali detrás de vos, intentando pararte
Pero tú caminar, tan salvaje
Hiso que me quedara parado
Mirando como te perdías
En las salvajes calles del microcentro

Luego una paloma cae bruscamente contra el pavimento
Se rompe un ala
La lluvia la comienza a taparla
Mirando esa paloma
En la misma situación que yo
Decidí sacarla, y dejarla a su suerte
Debajo de la parada del 24

Después de todo
No me sentía tan mal
Por lo menos
Sé que pude hacerle bien a alguien
Sonreí…


A la Luna


Lo único que recuerdo de esa noche
Es que estaba borracho y drogado
En la terraza de mi casa
Era de noche
Una noche templada
Una luna grande y luminosa
Me observaba, juzgonamente 
Con unas nubes color borravino
Que parecían pintadas al oleo

Yo la miraba
Como un pequeño insecto
Pestañeaba constantemente
Se me cayo el embace de cerveza
Y se rompió en pequeños pedazos
Frente a mis pies

Quise caminar y caí de lleno al suelo
Mis manos estaban ensangrentadas
Por los vidrios brillantes con la luz de la luna
Las gotas de sangre caían y se mesclaban con el alcohol
Mire al cielo otra vez
Yo vi belleza en esa terraza
En mis manos ensangrentadas
Y en las nubes pintadas al oleo
Era simplemente hermoso.


La Ra La

Luces
Sos luces
Claras y celestes
En el medio del campo
Y los arboles verdes

Surcos
Son surcos
Los trazos que te dibujan
Y la forma de tu piel

Mirarte es como
Ver el sol directamente
O como caer
En el medio del pasto
Una tarde de verano
Bajo la sombra
De un jacaranda

Difícil es verte reír
Sin sonreír
O verte llorar
Sin sentirse mal
Por qué la pureza
No se debería manchar
Y tampoco se debería marchar

Pero a veces las cosas
No son como queremos
Y esa irradiación de tu alma
Blanca y almidonada
A veces viene
Y otras se van
A veces me llama
Y otras se apagan

Y es ahí
Cuando yo me siento mal.


Nec

Cortes de papel

lunes, 6 de febrero de 2012




Había terminado de tomarme todo lo que tenia a mi alcance ese día de primavera, mis ojos estaban vacíos, como los de una marioneta, pintados al oleo, mi cabeza estaba inclinada hacia mi hombro izquierdo, estaba sentado en la calle, de pronto, abrí mi boca y vomite, encima de mi cuerpo y un poco de la vereda, era el decimo sexto día que estaba borracho, y mi en mi cabeza pasaban cosas.
Desperté en mi cama, sin ropa y con el ojo morado, me levante y mire al espejo, me había roto un diente hacia poco por ir a un recital borracho y caer al piso, me dolía la espalda y tenia el pelo muy largo, logre observar que mi ojo izquierdo era mas pequeño que el derecho, no me extrañaba que la gente se marchara de mi lado, era lógico, era comprensible.
Esa mañana me seguía sintiendo mal, todavía estaban en mi mesa de luz, todas las cartas que leía todos los santos días, las sabia de memoria, sabia como había escrito cada trazo, lo podía ver, la podía imaginar escribiéndolas pensando en mi, lo podía hacer, y ahora no esta.
Mama no esta nunca para mi, papa se fue hace mucho, mis amigos me evitan y ella se marcha, ¿es que no existe la piedad en el mundo?
 
Suena el teléfono, era mi amigo Daniel, me dice que nuestro amigo Brian se casaba, Brian era mayor que nosotros, el tenia 32 y estaba buscando pareja hacia rato, parece que finalmente encontró la indicada, eso me puso feliz por el, también me puso feliz el echo de que se hubiera acordado de mi, eso fue bueno de su parte, la boda seria el sábado, mire el calendario decía que era jueves, después de muchas vueltas le dije que iba a ir y colgué, mire el techo un largo rato, luego vi la foto de ella, en la que esta sobre un tronco cortado en la plaza del centenario, ese día la pasamos muy bien, recuerdo haber comprado una botella de agua, debido al calor de ese día, recuerdo sus sonrisa entre los rayos del sol, recuerdo que encontramos ese tronco cortado y que ella quiso que le saque una foto en el, lo recuerdo, había salido hermosa, no podía salir de otra forma, comencé a llorar, de a poco, sufrir, sufrir es un vicio, sufrir se convierte en algo necesario, cuando alguien tiene una verdadera razón para sufrir, lo único que hará es sufrir y yo no tengo mas elección no tengo mas nada, nada mas que yo mismo, y no creo que eso sea bueno, ya que todos se van, algo malo debo tener.

Tocaba la guitarra y lloraba, escuchaba música y lloraba, tomaba para no llorar y me terminaba lastimando, mas y mas, tomar era lo único que evitaba que las lagrimas cayeran, tomaba día y noche, durante dieciséis días, hacia dieciséis días que me había dicho que no me quería mas a su lado y la verdad no sabia que me enfrentaría a tanto dolor, tanta tristeza, me había desacostumbrado a la soledad, no existía la posibilidad de seguir respirando sin que ella volviera, así con todo eso en la cabeza sali a comprar cerveza. Entre al mercado y compre un cajón, con el ultimo pago del trabajo del cual me echaron, abandono de puesto de trabajo decía la carta documento, no me importo.

 Volví a mi cuarto, pensando en que realmente no merecía todo esto, ¿Por qué las cosas tenían que ser así? Me educaron con la idea de que si era un hombre de bien podría hacer lo que yo quisiera, me educaron diciendo que la bondad y el amor están ante todo, que son las máximas del ser humano como sociedad y como personas en si, yo no creía en nada de esa mierda hasta que llego ella, ella me brindo amor, cariño, respeto, comprensión, calor, momentos, vida, y realmente comencé a creer que quizás había algo por lo que realmente valía la pena estar vivo, realmente valía la pena el duro sacrificio que hice para no bajar los brazos, valía la pena todo ese dolor de no tener a nadie, por que sabia que ella representaba todo lo bondadoso del mundo, yo lo sabia, pero… se marcho, sin importarle nada, como todas las personas que conocí, como todas las putas personas que conocí.

Habré fumado 5 porros, tomado 7 cervezas y acompañadas por 30 cigarrillos esa tarde y faltaban muchos mas, mis ojos tenían un rojo color sangre mientras miraba la pared, sentado en el piso, con sus fotos tiradas por toda mi habitación, sus cartas también, temblaba un poco y no era de frio, me dolía el pecho, y las lagrimas caían intercaladamente, marcando surcos de sal en mi cara, el teléfono no sonaba y no sonaría mas, ella era la única que lo hacia sonar, también era la única que hacia sonar mi puerta, y mi corazón, pero tenia que volver a acostumbrarme a no tener nada, como un día me acostumbre a tener todo, todo y nada a veces son lo mismo, todo es lo mismo, por la ventana veo el cielo gris y el viento que mueve las nubes y yo encerrado en mi cuarto sucio y solitariamente vacío pensando en la mejor forma de matarme, pero no lo haría tenia miedo, tenia mucho miedo la posibilidad de fracasar harían caer mi alma definitivamente en el pozo de la melancolía y se dice que de ahí no se vuelve, escribí en la pared en mi punto mas grande de borrachera la palabra SOLO y me desplome sobre mi mesa de luz rompiéndola y lastimándome las costillas, caí de lado y la botella de cerveza también se había roto, caí sobre los vidrios lastimándome el antebrazo izquierdo, el corte no era mucho pero sangraba, me trepe a mi cama como pude y dormí en ella, henchido de no gloria.

Desperté en una enorme macha seca de sangre, la sabana estaba pegada a la herida de mi brazo, cuando la despegue ardía mucho, como no tenia alcohol etílico ya que me lo había tomado, eche whisky en la herida y tome un largo trago, prendí un cigarrillo me dieron arcadas y corrí al baño, vomite un buen rato luego volví a sentarme en la cama, mis costillas me dolían, cuando me saque la remera tenia morado gran parte de mi pecho, puse ambas manos en mi cara y llore, llore y llore, cuando me di cuenta estaba de nuevo borracho y caminando por las calles, fui a la plaza a seguir tomando y fumando, luego cuando se hiso de noche, decidí irme a mi casa y me perdí, tenia la campera que me había regalado ella, con una remera que también me la había regalado ella, caminaba agarrándome de las paredes,  hasta que no pude mas y me deje morir en la esquina de una calle que no podía llegar a reconocer, cuando estaba tirado en el piso, mirando hacia la luna, veía acercarse a una luz, una luz color azul y una luz color azul es tan horrible, sobretodo cuando sabes que se trata de la policía, el patrullero se acercó, paro a unos metros, escuche como se bajaban, uno me dio la vuelta con su borcego y me alumbro la cara, me pregunto cosas que no recuerdo ,  me subieron a el patrullero, y ellos viajan adelante, sacaron mi DNI y me lo regresaron, yo iba mirando por la ventana, las mojadas calles, algunas las podía reconocer, estaba cerca de casa, no decía nada, hacia mas de diez días que no hablaba, no hablaba si era evitable, odiaba a la gente en general, los policías frenan se bajan y me abren la puerta, me dejan en la calle y siguen su camino, estaba a cuatro cuadras de casa, no podía creerlo, como pude camine lenta y torpemente, un perro estaba en la mitad de la vereda y me miraba tímida y fijamente, yo como siempre tratando de buscar un poco de calor, venga de donde venga, lo quise acariciar, cuando mi mano se acerca lo suficiente, me la muerde, y se aleja, y de nuevo vuelve a arremeter, muerde mi pierna muy fuerte, luego se aleja y muerde mi mano nuevamente, logro pegarle una patada y se marcha, regreso a casa completamente derrotado, no existía nada bueno en esta vida y ese perro lo termino de confirmar. Me dolía el pecho de una forma impresionante, no se lo desearía a nadie nunca, nadie tendría que sentir esto que me esta pasando, no tendría que existir el amor, sus precios son muy caros y yo no lo sabia, nadie me había dicho esto, no tenia a quien pedir ayuda, no sabia cual era el primer paso, no tenia información, solamente le podía hacer caso a mis impulsos que eran lo que justamente me hundían mas, las malas decisiones y las recaídas.

Me despertó Daniel, teníamos que ir al casamiento de Brian, me obligo a que me bañe y me arregle, como no tenia ropa para un casamiento me tuve que poner la ropa que tenia limpia, eso era una bermuda y una camiseta de básquet, Daniel tenia una camisa y una corbata, por supuesto acompañado de unos zapatos bien lustrados y de un pantalón de vestir, salimos a la calle, me sorprendió que el clima no había cambiado en días, seguía lloviendo intercaladamente, el cielo completamente cubierto, como si estuviéramos llorando a la par, tomamos un colectivo que nos llevaban a los kilómetros, los kilómetros eran lejos de la cuidad y llegando al campo, festejaba la boda en una casa quinta, íbamos caminando por la calle bajo el refrescante sudor de la llovizna, me recordaba a ella todo me la recordaba, era como una puta maldición, la tristeza es adictiva, no podía sacarla de mi cabeza, su cara, su voz.

Llegamos finalmente después de caminar bastante, era una casa quinta hermosa y estaba realmente muy bien decorada, toda la familia y amigos estaban saludándose en la entrada bajo el techo especialmente armado para la ocasión, yo me sentía un perdedor, mojado y vestido como un idiota, como siempre desentonando, los trajes eran moneda corriente y mi camiseta de básquet, mi diente roto y mis ojeras llamaban mucho la atención, la gente se estaría preguntando quien mierda seré y que carajo hare ahí, yo no conocía a la novia futura mujer de Brian, estábamos esperándolos a ellos, cuando por fin llegaron, cuando lo vi a Brian lo abrace con muchas fuerzas, había encontrado a la mujer que había estado buscando y sin dudarlo se casaron, me parecía completamente admirable todo un hombre, tan limpio y bien vestido, tan feliz, mi sonrisa era tan falsa como las promesas de amor de ella hacia mi, conocí a su mujer que me dijo un nombre hermoso que olvide casi al instante, me saludo con una sonrisa y con un poco de lastima, creo que la lastima irradiaba por mis poros, luego se alejaron y los invitados pasamos a la carpa que habían armado para los invitados en el medio del patio debido a la lluvia, había unos pares de conocidos entre ellos, nos mandaron a una mesa con los restos de las demás mesas, yo conocía a un tipo que estaba sentado a mi lado, era amigo de Daniel, y trabajaba en un local de celulares cerca del trabajo de mi ahora ex, me pregunto si salía con ella todavía, le dije que no, me dijo que la vio de la mano de un tipo, y cuando termino la frase me levante de la silla y sali afuera, tome mi celular y la marque su numero, la había borrado de mi agenda pero sabia su numero de memoria, la llame, el teléfono sonaba, no me atendía, luego probé de nuevo, tampoco, luego de nuevo, prendí un cigarrillo y lo seguí intentando, hasta que me atendió.


- Hola, es verdad lo que me dijeron
-          - ¿Que te dijeron?
-          - Que salís con otro tipo, te vieron de la mano, decime la verdad
-          - No quiero hablar de esto, por favor no me llames mas



Corto, cuando volví a llamarla había apagado el celular, sali de la quinta lentamente la lluvia había comenzado a empeorar, camine bajo la lluvia llorando no se cuantas cuadras, me perdí alrededor de dos horas, todas las calles eran iguales, cuando finalmente pude encontrar el colectivo, le mande un mensaje a su hermano, era mi amigo, él no me mentiría, en el colectivo había una mujer amamantando a su hijo, me hiso extrañar, el nene termino de mamar, se subió al hombro de su madre me miro y comenzó a llorar, realmente era algo de no creer,  ¿realmente el mundo se volvía un infierno? O era solo mi imaginación, baje fui a la plaza y me compre 5 cervezas, arme 3 porros y compre un Philip de 20, me senté a esperar a su hermano, llego y me conto que era cierto, hablamos dos palabras mas le pedí que me deje solo y se marcho, era extraña la sensación, había algo dentro mio que se estaba marchitando, pero no sabia que era, tenia frio, y hacia calor, estaba sucio y mi cabeza no daba mas, el tiempo parecía detenerse, todo pasaba mas despacio, las gotas caían mas despacio, me tire al paso, en el medio de la lluvia un rato, pensando, con una bola de dolor en el pecho, termine con las cervezas me levante y decidí volver a casa, los cigarrillos estaban mojados los deje ahí, camine lentamente, embarrado y como un perdedor, las calles se inundan fácilmente así que se había juntado mucha agua en una esquina, quise saltarla pero estaba borracho, caí mal, pise de costado y mi tobillo hiso un fuerte ruido, caí acostado en el agua que me cubría casi todo el cuerpo, pude ver como mi celular y mis llaves se iba lentamente por la corriente de agua, cuando me quise parar, caí de nuevo, el tobillo me dolía mucho, tuve que arrastrarme hasta la vereda y quedar ahí, sentía que mi ángel guardián me estaba vomitando el alma y yo mirando el cielo, tratando de encontrar alguna pista, para no volver a caer.

Nec

Galones de brillante alcohol flotando hacia el límite

lunes, 16 de enero de 2012



La habitación parecía hacerse más chica, sentía como miles de ojos me miraban expectantes, expectantes de lo que hacía, de mi respiración y de mis nervios, ellos lo sabían, la pared lo sabía,  el velador lo sabía, sabían que tenía miedo, sabían que estaba asqueado de todo, sabían que me estaban ganando de a poco, mis ojos estaban tan rojos que sentía que saltaban de mi rostro, mi boca estaba seca, yo arrinconado en esa sucia habitación, solo, frágil y vulnerable, hacía años que no me sentía de esa manera, de esa manera tan baja de ser, de ser el escalón más bajo, perdido como un perro en el medio de la cuidad lleno de rabia y mínimas gotas de esperanza, así me sentía acorralado entre esas cuatro paredes de cemento gris y apagado que adornaban mi espacio.

Por la ventana veo la cuidad que también está bajo el aura gris del cielo nublado, hasta las luces parecen más tenues desde acá, mi cordura había alcanzado su nivel más bajo, no era tan valiente como para suicidarme, no era tan cobarde como para aguantarlo, no era tan inteligente como para seguir adelante, solamente tenía una vieja guitarra sobre la cama pero no tenía ganas de tocarla, tenía 8 cigarrillos en mi paquete de Philip Morris pero no quería fumar, tenía mucho tiempo por delante pero ¿Para qué? , comencé a ver imágenes en esa pared gris, comencé a ver colores, figuras, formas, símbolos que me miraban, que aparecían en todos lados, miraba por la ventana y se iban, así que pasaba todo el día sentado en una silla viendo la ciudad, gris y humeante, ruidosa, seca, atropellante y sin modales, como la mayoría de las personas que conocía, como la mayoría de las mujeres que habían pasado por esta misma habitación que hace mas de tres días que esta tratando de arrebatarme las ultimas gotas de coherencia que me quedan, odio estas paredes, parecen achicarse y mientras mas lo hacen mi corazón comienza a latir mas rápido y de forma mas intercalada.

Tengo miedo, tengo miedo de que un día me encuentre en un horrible accidente y salga ileso, tengo miedo de no poder dejar de experimentar todas las cosas horrendas que reflejan mi pared, mi pared de color gris, sucia y manchada, muerta y llena de vida, húmeda y leprosa, tengo miedo de no envejecer y que esto siga todo el tiempo, no podría hacerlo, no podría, terminaría como mi familia, casado con una mujer que seria la menos peor de todas las que he conocido, tendría un automóvil mediocre que conduciría hasta mi trabajo “estable” todos los días, tendría responsabilidades, tendría poder, diminuto pero poder, el poder que te hacia sentirte mas “digno” por llamarlo de algún modo pero era completamente indigno lo que un ser humano tiene que soportar solamente para poder comer y dormir, era horrendo, era desesperante, yo no quiero una mujer con ruleros que me tenga de acá para allá, no quiero tener una amante por necesidad a auto-escaparme de la rutina, no quiero 8 horas de tortura en algún lugar que odie, los que disfrutan su trabajo es por que se los hicieron para ellos, como los deportistas, los músicos, los genios, las personas corrientes estamos en el olvido, en la miseria, encerrados sin salida, como un sucio cerdo en un matadero, esperando por el sol.
Recuerdo en esta misma pared fue cuando discutíamos con Julia mi ultima mujer, ella era una borracha sin destino, como yo, nos entendíamos muy bien, cuando lo hacíamos, ella era rubia con el pelo por los hombros, delgada con labios carnosos, piel blanca y ojos color miel, hermosa sin duda, pero lo realmente horrendo era la forma de tratarme, pero cuando cogíamos, era tocar el cielo con las manos, realmente creo que era una de las razones por la cual existo, una de las razones por la cual existo es para coger con Julia, eso es todo lo que se, ella tenia un temperamento de mierda cuando tomaba demás, y cuando no lo hacia era insoportable, no paraba de deprimirse y hablar y hablar, me daban ganas de suicidarme, Julia era deprimente, lo era, siempre se pintaba las uñas cuando estaba aburrida y sobria, solamente le duraban pintadas un día, que era lo que tardaba en estar completamente borracha, cuando estaba muy ebria, solía mirarme y decirme.


-    Realmente sos un mierda, pero a la vez sos la persona más bondadosa que eh conocido.

No sabia si reír o llorar ante esa frase, esa frase la pase a escuchar diario, eso fue cuando le dije que se mude conmigo, bueno realmente ella me dijo que YO le había propuesto eso, yo le creí ya que con los años de bebida, uno cada vez va perdiendo mas sus recuerdos y capacidad para retenerlos, no me sorprendería si un día despierto con amnesia permanente, sin poder recordar nada mas, y nada menos, mi vida no cambiaria mucho.

Julia, cocinaba, horrendamente mal, pero era la mujer mas sensible que conocí, tenias que comer su comida si no querías herir sus sentimientos, te miraba con esa cara, resacada, sin maquillar ni lavarse, con esos hermosos labios carnosos, brillantes por un poco de saliva que se le caía de un costado, con los ojos dilatados, las manos siempre limpias y suaves y su camisón blanco que siempre usaba, ya no recordaba cuando la había visto vestida de otra forma, ya no recordaba muchas cosas, yo comía esos huevos revueltos, que era una de las pocas cosas que sabia hacer, y la miraba, ella me miraba a los ojos, media todas mis reacciones, esperaba que me guste, y nunca lograba hacerlos correctamente, siempre se le quemaban (un poco o mucho) o le echaba demasiada sal, yo había aprendido a controlar todos mis gestos cuando comía su comida, así que no hubo gesto alguno en mi cara, ella sonrió y se sentó a comer a mi lado, delgada, en ese estado, el mas puro que tenia, resacada y débil en las mañanas, era el estado mas hermoso que tenia, realmente podía recordar por que la soportaba día a día, era tierna y tonta en su costado mas frágil y eso realmente me encantaba de una mujer, se sentó frente a mi y me dijo.

-    ¿Te gusta?
-    Si me gusta esta riquísimo
-    Si lo se, lo puedo ver por tus gestos puedo ver que no me mentís, ¡y eso me hace muy feliz!
-    Nada me alegra mas que verte sonreír así – le dije mientras metía en mi boca un gran pedazo de huevos revueltos, sabían horrendo.
-    Mi ex marido no le gustaba que le cocinara decía que era horrenda, decía que no servía para nada
-    Eso no es cierto Julia vos lo sabes mejor que nadie
-    Te quiero
-    Yo también
Se levanto de su silla se acercó a la mía y me dio un gran beso en la cabeza, había pocas cosas que me gustasen mas que eso, esos detalles podían comprar a un hombre, lo podían hundir en lo mas profundo de la miseria o remontarlo a lo mas alto de la gloria, eso, dependía de quien lo hiciera.

me di cuenta que era sábado, sali a comprar, el sol del sábado siempre me pareció algo detestable, siempre los sábados soleados tiende a hacer mas calor que lo habitual o al menos eso me parece a mi, en fin odio los sábados al medio día, era bastante raro que yo este despierto ese día a esa hora pero ahí estaba en el supermercado haciendo las compras, agarre varias botellas de vino tinto y le pedí un cajón de cerveza, y lleve una botella del whisky mas barato, conseguí un remis y volví a casa, cuando llegue Julia estaba en ropa interior, abanicándose con un diario viejo que no se donde habrá salido, me vio llegar vino corriendo y me abrazo y comenzamos a guardar las botellas, cuando terminamos abrimos el whisky y nos servimos en dos vasos, con 4 hielos, nos fuimos a la cama.
Al pasar las horas Julia se iba convirtiendo en el demonio mismo, cuando tomaba se ponía agresiva con todo ser que tenia cerca y el único ser en esa habitación con ella para mi desgracia era yo, comenzaba a gritar obscenidades y a mandarme, yo cuando estoy ebrio casi siempre soy muy calmado, ella no era así, ella perdía el control completamente, rompía cosas, me insultaba, y casi siempre terminaba rasguñándome o golpeándome, yo la dejaba por unos momentos que desahogue toda su furia, había pasado cosas horrendas, como yo, la entendía de una forma u otra, no se bien de que forma pero lograba entenderla, Julia me miraba a los ojos y me decía que yo era un mierda, que no servía para nada, que ella y todo el mundo lo sabían, y realmente no era una sorpresa, sus palabras pasaron a no afectarme, solamente me sentaba en el sillón a leer, tenia muchos libros, esa era la única razón por la que trabajaba, para poder comprar libros, libros y alcohol, era como comprar felicidad y tiempo, aunque irónicamente era lo que me arrebataban, felicidad y tiempo, uno puede seguir adelante si cree que tiene una de esas dos cosas, uno puede seguir.

Esa noche, Julia se quedo dormida en la cama, boca arriba, cuando termine de leer, me fui a acostar, me desnude y comencé a tocarla, de a poco, le toque los pechos, la entrepierna, y comencé a besarla en el cuello, lentamente, ella reaccionaba muy de a poco, yo me había puesto muy caliente, tenia el pene mas erguido que nunca, saque su ropa interior y la deje con el camisón puesto, la monte y comencé, ella poco a poco se despertaba mientras emitía pequeños gemidos, comencé a acelerar el ritmo, ella gemía cada vez mas alto, hasta que abrió uno de sus ojos, y sus brazos rodearon mis espaldas, me apretaban cada vez mas fuerte, ella gemía realmente muy alto, yo seguía cada vez mas rápido, y mas rápido, y mas rápido, y mas rápido, hasta que acabe, sus manos me apretaban fuerte y me habían rasguñado un poco la espalda, me tumbe a un lado y ella me abrazo, me dijo que me amaba y los dos nos dormimos.

Me desperté  con el sonido del teléfono, no sé que hora serian pero el sol estaba poniéndose en el horizonte, el teléfono seguía sonando, hasta que Julia se levanto a contestar, yo me dormí de nuevo, finalmente, escuche varios ruidos, y unos leves gritos que creí que eran parte de mis sueños, así que no les di mucha importancia, cuando desperté era de noche, las ventanas estaban abiertas, los mosquitos invadían toda la habitación, sali de la cama en boxers, mirando hacia afuera, nadie en las calles, deberían ser las once de la noche, fui al baño a vomitar, y luego me cepille los dientes, busque a Julia, pero no la encontré, me pareció raro, hacia mas de siete días que no salía de la habitación, así que me digne a cocinar, habrá salido a algún lugar, cocine pastel de papas, con lo poco que encontré, puse la mesa para los dos y me senté a esperarla, cuando se hicieron las doce, me comí mi porción y la de ella, le deje las sobras en el horno y me propuse a escribir, cuando me dirijo al escritorio veo un sobre, no, no puede ser.
Lo abro, era la letra de Julia - “no puede ser” – pensaba a medida que iba leyendo cada párrafo, cada palabra cada letra, era la misma historieta de siempre, la que me acompañaba a todos lados, me había dejado, al parecer el que llamaba era su ex marido, ella no lo pensó dos veces y lo prefirió antes que a mi, luego decía un montón de pelotudeces del estilo que, nunca me iba a olvidar, que fui el hombre mas bueno que conoció y bla bla.

Me sabía esa mierda de memoria, otra ves solo, creo que esta ves no iba a poder soportarlo, así que sali a la calle a buscar drogas, fui a la casa de un viejo amigo que no veía hace mucho, cuando deje de verlo fue cuando Julia se asentó en mi casa, el tipo antes solía ser, un pequeño transa de poca monta, no se como pero en estos nueve meses de a poco se fue haciendo un pequeño imperio, ya ni siquiera vendía, tenia gente que lo hacia por el, cuando me vio, su sonrisa no tardo en asomar,  éramos viejos amigos, habíamos trabajado juntos, trabajos sucios en los que no vale la pena detenerse, fui a comprarle cocaína, acido y hierba, por la cordial amistad, me dio mucho mas de lo que tenia para gastar, además de convidarme a tomar un poco de cocaína con el, que acepte gustosamente, nos saludamos por ultima vez y me largue, la calle era fría y tenia muchas drogas, como antes, volvería a ser lo único que sabia ser, nada.

Cuando llegue a mi habitación, deje todo sobre la mesa y arme un porro, saque el acido y me metí medio cartón en el ojo, destape una cerveza y me puse a escribir, escribí no mas de dos poemas, estaba mirando fijamente, un zapato, zapato de ella que había dejado tirado, con ese mismo zapato me lo había arrojado, mientras me gritaba sin ninguna razón aparente,  mirando ese zapato de mierda se me caían las lagrimas, mientras fumaba y tomaba cerveza bajo la templada luz de la luna de diciembre, no existía nada ahí fuera para mi, no existía nada aquí dentro para nadie, no existía nada, nada de nada, a medida que me tomaba cerveza tomaba cocaína, cada vez mas, fumaba uno tras otro porro y cada hora me metía un poco de acido, mi nariz comenzó a sangrar, mis ojos estaban grandes dilatados y rojos,  de a poco, la habitación comenzó a mutar, a girar y a moverse, todo parecía tener perfecto sentido, todo parecía encajar, comencé a reír, a reír mucho sin tener ninguna razón, me puse de pie y mire por la ventana la noche de verano, me senté en un rincón, con mi cerveza, parecía que nunca nada pudiera alcanzarme, estaba en otra dimensión, estaba en otra galaxia, y aunque era lo único que tenia no me gustaba, tenia suficientes drogas como para estar encerrado días enteros, y así fue, el sol salía y volvía a caer, no se cuantas veces lo habrá echo, la bolsa de cocaína parecía no acabar mas, el porro estaba tirado por toda la habitación, y el acido todavía estaba vigente en mi organismo.
La habitación comenzó a hablarme por las noches, yo le contestaba, era la única compañía que tenia, no se cuantos días habrán pasado, los suficientes como para perder mi trabajo supongo, el teléfono no suena y la puerta tampoco, completamente solo, solo, solo, solo, solo, desde la calle llega un olor muy parecido a la mierda, y suenan sirenas de policías, y gritos, gritos de niños y mujeres, los gritos se hacen cada vez mas fuertes, me agarro la cabeza y corro hacia la esquina de la habitación, donde prendo un porro y espero, los gritos suenan cada vez mas, y mas, en mi cabeza, no puedo sacarlos, no puedo parar, no voy a parar.

El quinto día despierto y sin probar bocado, parezco mas muerto que vivo, y con las neuronas completamente muertas, al menos es lo que siento en este momento, siento como mi cerebro muere pero antes de hacerlo completamente, quiere acabar con lo ultimo que me queda, como todos, como vos.
Recuerdo cuando mi madre me llevaba de viaje, yo era un niño, ella no me agradaba mucho, siempre salía de viaje, y yo me quedaba en casa, con mi niñera, solía quererla mas a la niñera que a ella, me dolió mucho cuando la despidió, así que no tenia mas chance que llevarme de viaje con ella, se iba en auto y manejaba mucho, también hablaba mucho por teléfono, en cada estación de servicio llamaba a alguien, su “Bíper” sonaba constantemente,  me dejaba en el auto, a veces por horas, yo la podía ver, la podía ver como reía y hablaba desde la cabina, yo lo veía todo desde el asiento trasero de nuestro auto, cuando terminaba y finalmente llegábamos al hotel ella se marchaba y me dejaba instrucciones, como ordenar comida, o en caso de emergencias a que numero llamar, ya que sus reuniones podían durar mas de lo previsto, así era como es esa habitación de hotel podía estar solo hasta dos días, o tres, cuando mi madre volvía casi siempre era muy tarde, yo la miraba entrar por la puerta del hotel bajándose de un auto, manejado por un hombre, que le tocaba la pierna antes de despedirse de ella, cuando regresaba comúnmente estaba borracha, así que se iba directo a la cama, al día siguiente regresábamos a casa, un día, ella se fue, como Julia, un día despertamos con mi padre y no estaba ni ella ni sus cosas, como por arte de magia, no estaba mas, así que creo que lo que hiso Julia no esta nada mal, creo, podía verla a ella reflejada en la pared gris de la habitación, podía verla a mi madre también, a mi madre cogiendo con un tipo, mientras yo leía un libro extrañándola bajo la luna cordobesa, podía verla a Julia siendo sumisa con su marido y siendo violenta y sumamente malvada conmigo, esa pared gris horrenda y alquilada me mostro todo eso esa noche, no había nada para evitarlo, no había nada que perder ya que no había nada en juego, nada de nada.

Al sexto día termine con todas las drogas, seis días sin comer ni dormir, me sentía morir, estaba ebrio y la sangre salía por mi nariz y mi boca, no tenia fuerzas ni para pensar, no tenia ganas de respirar mas, pero era algo que no podía controlar, nadie ni nada, no existía nada, de nada, no existía nadie, nada nadie, nada nadie, pensaba en eso mientras tomaba la ultima línea armada en la mesa ratona, la tome, y caí de costado, aun despierto pensando en nada ni nadie, nada, nadie, nuevamente y otra vez, todo se repite, siento la sangre circular por mi cabeza, siento como bombea, lo siento, me agarro la cabeza, cuando la puerta se abre de golpe era Julia, con mis ultimas fuerzas sonrió y cierro los ojos.

Poxiran

lunes, 26 de septiembre de 2011




Una mala infancia es el desencadenante de todo lo mierda que puede llegar  a ser una persona, recuerdo cuando mi abuela me decía, cuando estaba practicando con mi guitarra en su patio, era una vieja italiana de pelo rubio, me miraba con esos grandes ojos celestes y decía - “¿Cuándo va a ser el día que te encuentre estudiando?, ¿cuándo va a ser el día que te encuentre jugando con un amigo? Todo lo que haces es estar ahí toda la tarde con esa guitarra perdiendo el tiempo, los chicos de tu edad están saltando, riendo, jugando a la pelota, tenes que ser más social, tu padre no era así, yo nunca hubiera dejado que sea así”- mi madre no me prestaba atención, mi padre trabajaba todo el día, mi prima cuidaba de mí, vivía con nosotros, yo no sabía por qué y nunca se lo pregunte por que pensé que sería de mala educación hacerlo, siempre fui tímido, siempre me pisaron, nunca una queja, nunca un alarido, siempre el niño que aguantaba, el niño de hierro.

Cuando tenía 12 años estaba afuera de la escuela y una compañera mía estaba tomando cerveza con sus amigos, que tendrían muchos más años que yo, ya que tenían barba y fumaban cigarrillos, ella que se llamaba Azul, me convido un trago de cerveza, lo tome, sentí ese gusto amargo y espumante en mi boca que inmediatamente me dieron arcadas, pero no podía escupirla delante de ellos, ellos eran más grandes habían visto más cosas, se reirían de mí, como todo el mundo lo hacía, así que la trague con dificultad, casi por obligación una obligación con mi mismo, el único contrato que respetaría era el que tenía con migo mismo, así que lo tome, lo trague y baje un poco la cabeza para que no pudieran ver mi cara de asco, me convidaron un cigarrillo que recuerdo era Philip Morris, ese fue el comienzo de todo.

Era tarde cuando desperté ese Martes, mi madre me había abandonado hacia casi 10 años, mi padre era el tipo más correcto del mundo, por lo tanto era mi contracara, era todo lo que yo odiaba y era como todos los que me odiaban, llegaba a las 7 de la tarde todos los días, y me decía “no voy a seguir alimentando tus vicios, o te conseguís un trabajo o te vas” por supuesto lo primero que hice fue irme de casa, las primeras noches me encontraba durmiendo en la plaza de la cuidad, ahí fue donde empecé a conocer a la gente de la calle, en especial los más chicos, que por supuesto eran los peores, la primera noche, me arrinconaron cuando dormía en ese helado banco abrazado a mi bolso y me lo robaron, me golpearon repetidas veces y caí al piso, luego recuerdo cerrar los ojos y ver flashes de luces de colores y destellos, eran sus pies golpeando mis ojos y mi cara, al día siguiente me desperté ahí mismo, llamado por un oficial de policía que me pateaba con su zapato a modo de despertarme, yo tendría 17 años, lo mire a los ojos, ojos marrones tan claros y pulidos, parecía tener muchos problemas, sentí mucha pena por él, entonces me golpeo con su macana en la cabeza lentamente, me puse de pie y me hecho del lugar, camine hacia la estación de tren, sin nada en los bolsillos y sin nada en el corazón, me aburrí de estar ahí así que camine por la parada de los colectivos buscando cigarrillos tirados en la calle, encontré tres casi por la mitad, prendí uno y los otros dos los guarde en el bolsillo de mi camisa cuadrille, me senté en el borde de la ruta y mire el cielo, el sol estaba alto en la mañana y picaba, mire  hacia la ruta y sentí odio, odio hacia la gente, no sabía de donde provenía pero estaba seguro de que era odio, fue la primera vez que lo sentí, y fue la primera vez que estaba seguro de algo.

Al pasar los días me encontré con una chica que también vivía en la calle, se llamaba Marina era más chica que yo, tendría 15 años, ya la había visto antes, siempre estaba con alguien, tenía pecas era delgada y de pelo castaño claro, tenía la mirada más triste que había visto en toda mi vida, esos ojos color miel transmitían pena y melancolía, un día estábamos sentados los dos en el descampado separados a un banco de distancia, detrás de la estación de tren y miraba tímidamente, yo estaba completamente incomodo, nunca había tenido contacto con una chica de mi edad, por lo general no tenía contacto con nadie de mi edad, la única que me daban un poco de importancia era mi prima y no sabía dónde estaba, la extrañaba mucho, pero no podía demostrarlo, si lloraba en la calle terminaría como Martin, Martin era un chico que estaba en la calle siempre llorando y todos los días lo golpeaban todos los demás chicos que vivían debajo del puente, en la calle no se puede llorar, en la calle no se puede sentir, la primera lección de vida que aprendí por mí mismo y hasta ahora la más útil.

Ella se acercó a mí, con una pollera de jean y una chomba rayada color rosa, muy sucia, me pregunto si tenía un cigarrillo, saque uno por la mitad del bolsillo de mi camisa, me miraba a los ojos, cosa que siempre me incomodo, yo nunca miro a los ojos si puedo evitarlo, ella comenzó a hablarme, me dijo que tenía 15 años, que vivía en la calle hacía más de 8 meses y que tenía un grupo de amigos que dormían en la estación de tren cuando cerraba, me invito con ellos yo no acepte, ella seguía buscando mi mirada y yo esquivándola, tomo mi mano y se acercó, yo me levante y me fui, ella me insulto y se quedó sentada ahí fumando mi cigarrillo, me aleje y me senté fuera del viejo parque abandonado que estaba al costado de las vías, ahí me dormí, no había nadie alrededor.

Hacia frio esa noche de Noviembre, cuando abrí los ojos la vi pasar a la chica de la mano de un tipo mayor, caminaban hacia el viejo baldío que quedaba a la vuelta, era de madrugada y sentía como mis huesos estaban helando así que decidí levantarme y caminar, sin que se percaten los seguí, ella se arrodillo en el pasto y el tipo que tendría más de 30 años se desabrochaba el pantalón, saco su asunto y ella se lo metió en la boca, yo miraba detrás de una pared con la cara sucia y helada, el tipo gemía y parecía gozar mucho, luego la miraba a la cara y le decía cosas que no llegaba a escuchar, luego la agarro de los pelos y la empujo muy fuerte contra su entrepierna repetidas veces, la separo y la golpeo con la mano abierta, ella comenzó a llorar arrodillada en ese baldío bajo la fría obscuridad de la noche, la tiro hacia un lado, cerro su bragueta y le arrojo un billete y se marchó, ella lloraba acostada en el pasto, con un billete de 5$ en su  regazo, me acerque cuando él se marchaba tambaleante, fui a su lado y le tendí la mano, me miro resentida y se puso de pie sin aceptar mi ayuda, me miro con la cara roja y llena de saliva, tomo el billete fuertemente con su blanca y delicada mano, se dio la vuelta y se marchó.

Me senté en un banco que no estaba lejos de allí bajo una luz naranja llena de insectos que revoloteaban, podía ver como ella se marchaba por el camino de tierra hacia las vías, doblo y desapareció.
Me sentía muy mal, como nunca antes, pero no podría haber evitado eso, ¿cómo podría haberlo hecho? Escuche un leve llanto, me puse de pie asumiendo que era ella, comencé a caminar hasta el viejo bar que quedaba en la otra parte de la calle y le pedía cigarrillos a los borrachos que salían del mismo, conseguí 7 cigarros de 7 borrachos distintos, algunos me acariciaban el pelo y me tocaban el hombro yo siempre me iba corriendo cuando pasaba eso, regrese a donde estaba ella, cruce el camino de tierra y doble, sentada en la obscuridad cerca de un foco roto, estaba ella sentada en un banco de cemento, me acerque y prendí dos cigarrillos, me senté a su lado y le pase uno, ella lo tomo mirándome a los ojos yo la evitaba, ella y sus ojos tristes y melancólicos estaban llenos de lágrimas, rojos e irritados, tirando el humo por la boca ella me dijo:

-          Que pasa que no puedes mirarme a los ojos, ¿sos marica?
-          No, no lo soy
-          ¿¡Entonces que pasa!? ¿¡te doy miedo!?
-          No, al contrario, me pareces una buena persona – Ella sonrió detrás de una bocanada de humo
-          ¿alguna vez te la chuparon?
-          No
-          ¿Queres saber cómo se siente?
-          No
-          ¿Entonces que mierda queres acá?
-          Quería hacerte compañía, creí que la necesitabas

Ella lagrimeando miro hacia el costado con la punta de su cigarrillo que sobresalía de su boca con la punta roja del cigarrillo ardiendo lentamente, luego me volvió a mirar y me dijo – Yo no necesito de tu compasión ¿sabes? –Si lo sé - conteste- ella miro hacia el piso y comenzó a llorar tapándose los ojos con su mano izquierda.

-          ¿Viste lo que paso? -  me dijo
-          Si
-          No quiero que me espíes más, no quiero nada de vos, no quiero nada de nadie
-          ….
-          Sos idiota o mudo, ¡Contéstame!
-         
-          Sabes que…

No dijo más nada, solamente siguió llorando con su mano izquierda cubriendo sus ojos, de a poco lloro más y más, hasta que quebró completamente, en mis hombros, tenía sus brazos alrededor de mis hombros, agache la cabeza de forma incomoda, ella se acercó y me abrazo, su cabeza estaba apoyada en mi hombro izquierdo y lloraba y lloraba, la luna estaba gigante, se podía ver desde esa estación de tren, se podía ver desde todo Laferrere, se podía ver desde ese sucio baldío de mierda detrás del parque abandonado, ella con su violada hermosura, solamente me tenía a mí por lo menos en ese momento… sentía su aroma, su aroma delicado que no me hacía acordar a nada, a nada que antes hubiera conocido antes, tenía un aroma gentil y sedoso, su aroma tenia bondad, su cara tenía un golpe marcado en el cachete derecho, su cigarrillo se consumía en su mano, mi única reacción ante ello fue, girar mi cuerpo un poco y abrazarla, ella beso mi mejilla y se calmó, era de madrugada, hacia frio esa noche de Noviembre.

Al pasar los días la veía por las calles de la estación o a los alrededores, ella estaba con un grupo de chicos de la calle y cada noche iba con uno distinto al obscuro descampado que estaba detrás de la estación de trenes, yo había descubierto un hueco en el alambrado del parque abandonado y me metía en la noche, había encontrado remeras y pantalones en las iglesias de la cuidad, la gente de los locales a veces me daban pan u otros restos de comida, que yo guardaba en el parque, dormía en una cabina de seguridad que era el único lugar con techo de todo el parque, era un parque pequeño que no tenía vigilancia de noche, a las 7 de la mañana llegaba un guardia que daba unas vueltas y luego se quedaba dormido en una silla, yo a las 7 en punto salía a la calle obligadamente, extrañaba a mi prima y a veces lloraba en esa cabina de seguridad, pero procuraba hacerlo muy bajo, siempre alguien podía estar escuchando. Una tarde naranja me senté a comer fuera del parque una fuente con lasaña que había encontrado en la basura, solo, como toda mi vida, de a poco se acercaba ella, con su pollera de jean y su chomba a rayas, se sentó a mi lado, en el mismo banco en el que había llorado en mi hombro, se sentó a mi lado y me miro a los ojos, yo la mire a los ojos, sin decirme nada me beso, y comenzó a tocar mi pierna, me excite, aparte su cara y su mano, ella me miro nuevamente sorprendida, luego su expresión fue de enojo me dijo  –¿Qué pasa?¿Sos puto? - no – respondí - pero no me gusta eso - ella cambio su expresión y apoyo su cabeza en mi hombro, yo tome mi fuente y seguí comiendo, ella tomo mi mano izquierda y la entrelazo con la suya, el tren pasaba a las 7 y media de la tarde como todos los días, el sol moría en el horizonte.

Esa noche, fuimos a mi cabina, que era algo así como mi cuarto, ella tenía una mirada de bondad cuando estaba conmigo, yo no la miraba a los ojos, en esa pequeña cabina de seguridad la noche era templada y la luna la iluminaba, iluminaba sus pecas y sus ojos claros, yo la miraba con timidez, ella poso sus labios contra los míos y abrió su boca, su lengua se entrelazo con la mía y sentí como su cuerpo se apoyaba en el mío, se recostaba en mis rodillas, sentía sus senos en mi pecho, sentía su calor, calor que nunca había sentido en mi vida, ella tenía 15 años, yo tenía 17 y no conocía nada de la vida, ella parecía saber mucho más que yo, todo el  mundo parecía saber más que yo, su pulsera de plata  que brillaba con la luz de la luna parecía saber más que yo, ella movía su lengua en mi boca y yo trataba de hacer lo mismo, de repente escucho un ruido afuera. Me pongo de pie y luego siento como alguien abría la puerta de un golpe, era uno de los chicos que estaban siempre con ella, la toma del brazo violentamente y la tira hacia fuera diciendo – ¡PUTA DE MIERDA! – me mira era un tipo de piel obscura, de mi edad aproximadamente, yo estaba de pie en esa cabina de seguridad abandonada, me miro con odio, ella estaba afuera tirada en el pasto, con el miedo flotando a su alrededor, el tipo me golpeó fuertemente en mi nariz, que rápidamente se cubrió de sangre, mi corazón latía como nunca antes, tenía miedo, caí al piso contra la pared de la cabina, el tomo impulso e incrusto su rodilla contra mi cara, una y otra vez, yo no podía alzar los brazos, quede tirado consiente mirando como a las rastras se la llevaba, ella se oponía, así que el la golpeo en la cara y rompió su chomba rosa a rayas y la tomo del cuello, me puse de pie y le atice un golpe en la oreja izquierda mientras estaba de espalda, trastabillo dos pasos, luego se dio vuelta hacia mí y vi su puño acercándose a gran velocidad, que se incrusto en mi ojo derecho, luego mientras iba cayendo pude ver la rueda de la fortuna oxidada, muerta y la hermosa luna, caí al paso sin fuerzas para poder hacer más nada, solamente pude soltar un sonido sin sentido – ahgr- y mire las estrellas, escuchaba la voz de ella, gritando, pero no podía reconocer lo que decía, sentía el tibio calor de la sangre sobre mi rostro, luego entre ojos vi a muchos cuerpos moviéndose a mi alrededor corriendo y cerré los ojos.

El guardia que llegaba a las 7 de la mañana me despertó, tenía la sangre seca en la cara, tenía un diente flotando en mi boca, lo escupí, vi al guardia, me levante y comencé a correr, corrí hasta el baldío, con la cara hinchada y desfigurada, camine por el baldío, ellos estaban como siempre al otro lado de la calle, bajo el puente, los podía ver y ellos a mí, me apuntaban y se reían y aspiraban bolsas de poxirran, ella estaba con ellos, mirando el piso, abrazando sus rodillas, camine unos metros más y me desmaye en el verde baldío al lado de  un borracho que estaba tomando una botella de vino. Me desperté bajo un techo blanco y una luz, vi a un hombre con un barbijo luego me dormí.

Desperté en el hospital público de la cuidad, mi padre estaba allí, sentado al lado de mi cama leyendo el diario, con su bigote negro, con su camisa metida dentro del pantalón, con su cigarrillo  encendido a pesar de que no se podía fumar dentro de los hospitales, pero a él le importaba todo un carajo, yo le importaba un carajo, pero sabía que dejarme morir en un sucio hospital no era cosa que haría un hombre hecho y derecho, yo sabía que esa era la razón por la que estaba ahí, cuando me miro y vio mis ojos abiertos, me dijo muchas cosas, cosas como  que yo era un irresponsable, que estaba loco, que lo avergonzaba delante de toda la familia, que volveríamos a casa y estaría bajo llave hasta que me “componga”.

Llegamos a casa en su Chevy del 86, mi prima la única imagen de bondad que había tenido en mi vida se había marchado, sin dejar rastro, ni siquiera me había buscado, me sentí muy solo nuevamente en mi habitación, tenía el ojo cosido y la cara vendada, esa noche mi padre se fue a la cama a las 10 de la noche como hacia todas las noches que yo lo había visto, hacía ya 17 años, cuando se durmió, me vestí, tome su billetera, saque todo lo que tenía que eran aproximadamente 200$ y Sali por la ventana de mi habitación, fui hasta la estación de tren, compre muchos paquetes de cigarrillos, luego en el viejo bar compre 5 cajas de vino barato y fui al baldío nuevamente, con la bolsa repleta de vinos y cigarros, entre al parque abandonado y  fui directo a la cabina de seguridad, guarde la bolsa debajo de los autos chocadores llenos de óxido, regrese a la cabina y me percate que todas mis cosas habían desaparecido, mi ropa y la comida que había recolectado, tome esa caja de vino sentado en esa hedionda y triste cabina de seguridad fumando cigarrillos, todo parecía tan pacifico, el aire fresco traía una calma como la del campo, había visitado el campo cuando era niño, mis tíos vivían ahí, desee estar ahí, era igual, como el pasto después de una lluvia, lo podía sentir, sali de ahí y cruce el alambrado, me senté en el baldío, y la vi a ella, estaba contra una pared y un tipo la estaba cojiendo, ella tenía la pollera de jean levantada hasta la cintura, estaba justo debajo de un foco de luz anaranjada, yo miraba desde la obscuridad, el la sacudía, ella gritaba con un poco de asco, era nuevamente un tipo mayor, mucho más que nosotros, mire desde lo obscuro hasta que termino, se subió el cierre y la empujo a un lado, ella alzo su blanca mano como en busca de una recompensa, el tipo la empujo nuevamente y ella cayo en el pasto, amago a golpearla con el puño cerrado y se fue tambaleante como el anterior, ella nuevamente se quedó llorando en el pasto, alumbrada por una naranja luz plagada de insectos, tenía la cara golpeada nuevamente y cuando se puso de pie, se acomodó la ropa, no tenía esa chomba rayada con la que la había visto siempre, tenía una remera verde, parecía agotada, su pulsera de plata había caído mientras el tipo la sacudía, yo la vi caerse de su muñeca, ella la buscaba desesperada, no la podía encontrar, sus ojos estaban rojos, yo la observaba, se desesperaba, pero algo me decía que no me acercara, camino unos pasos, y luego se sentó en el piso, saco una bolsa de nilón del bolsillo de su pollera de jean y comenzó a inhalar el poxirran que tenía dentro, estuvo un rato así, luego se fue, hacia el bar de los borrachos, cuando se marchó, fui hasta debajo de la luz naranja y encontré su pulsera de plata decía “Marina”, la guarde en mi bolsillo y seguí tomando más y más vino, hacia frio en esa noche de Noviembre.

Desee tener el calor de alguien y también deseaba tenerla a ella, abrazándome con su mendigo cariño, yo estaba bastante ebrio y mirando detenidamente su pulsera en mis manos, en mis sucias manos abandonadas por el mundo, todo giraba, la luna giraba, la estación también, podía sentir como mi alma se retorcía en pena, me puse de pie y solo atine a caminar en busca de ella, la busque por el bar de los borrachos, que sin importar que día sea estaba lleno, siempre por las mismas caras, caras llenas de alcohol y maldad, los policías a veces estaban allí también, borrachos, comiendo y tomando gratis, imponiendo su respeto a los seres más bajos del mundo, para sentir que eran temidos y respetados, para sobresalir, para dar a entender que por más que sean los peores borrachos, violentos y golpeadores, ellos podían hacer lo que quisieran, a veces me preguntaba como tipos como esos podían estar a cargo de nuestra seguridad, del bienestar público, me di cuenta que el país donde vivía era una mierda a mis sucios 17 años, no existe la esperanza cuando todo se desvanece, hasta la posibilidad de tener sueños, la posibilidad de una salida era muy improbable, era más probable ganar la lotería antes que el mundo cambie o que un gigantesco meteorito cayera destruyendo todo aunque sea un poco, no pedía nada más que eso, bajo esa luna, esa noche de noviembre mire al cielo despejado y pedí clemencia, clemencia por todas las madres hijos y hombres de este planeta, ¿acaso dios no sabe nada de la piedad?

Caminaba agarrándome de las paredes, tambaleando, mareado y perdido, cuando un policía grande aproximadamente 1.90 se me acerca y me dice:

-          ¿Flaco que te tomaste? – con una sonrisa burlona en su cara
-         
-          Contéstame pendejo
-          Ándate a la mierda -  conteste, balbuceando
-          Veni, vamos que te llevo a casa

Lo que más me extraño fue que no me llevo en la parte de atrás como comúnmente llevaban a los detenidos, me llevo en el asiento de adelante, luego cerró la puerta, mi cabeza tambaleaba de un lado a otro, golpeaba el cristal y los ojos se me cerraban y abrían nuevamente, entro al bar, lo veía en la mesa hablando con otros policías que estaban tomando cerveza envueltos por la música de fondo, luego se acercó de a poco, tomando una lata de cerveza, lo pude ver bien, tendría no más de 25 años y era de tez clara, me pregunto dónde vivía, no le conteste, me dijo que me iba a llevar a un lugar donde iba a poder dormir esa noche hasta que se me pase la borrachera, en el estado en que me encontraba no podía contestar solamente balbuceaba cosas sin sentido, encendió la radio y una canción que no recuerdo comenzó a sonar, era de madrugada en la cuidad y de a poco nos íbamos alejando de las naranjas luces, cada vez estaban más separadas, cuando de repente doblo en una calle de tierra hasta una vieja y pequeña plaza con focos quemados, de repente el patrullero se detuvo bajo la obscuridad  y me miro a los ojos, me dijo:

-          Yo te voy a cuidar – sonrió diabólicamente -  ahora lo que tenes que haces es quedarte acá tranquilo, no grites ni digas nada, ¿ok?
-          … - no conteste, sentía el miedo subiendo hasta la punta de mi cabeza
-          No tengas miedo, no te voy a lastimar si te portas bien

Comenzó a tocarme la pierna, acariciándola lentamente, su mano era gigante rustica y llena de pelos, me tocaba la pierna horrible y cálidamente, mis ojos se llenaban de lágrimas de repente todo el mareo había desaparecido, se había opacado por el miedo y podía escuchar mi corazón latiendo muy rápido, cada vez más, con su mano libre comenzó a acariciarme el pelo y bajo hasta mi nuca, podía sentir sus horribles y pesadas manos sobre mí, pensé en mi padre, pensé en mi prima, pensé en Marina, nunca antes me había sentido tan solo y vulnerable, como una bolsa de basura que todos se habían olvidado de recoger, de a poco se tocaba la entrepierna y una de sus manos se metió debajo de mi ropa, tocando mi pecho, lentamente, luego me dijo:

-          Ahora quiero que te des vuelta despacito sin hacer ningún ruido

Con sus brazos comenzó a girar mi cuerpo, yo me oponía, poniendo mi cuerpo completamente rígido, el apretaba cada vez más fuerte, yo no desistía, apretaba con su mano en mi estómago y la otra en mi hombro, mis ojos rebalsaban de lágrimas y mi cara estaba roja alumbrada por la misma luna de noviembre que fue la única que me hacía compañía desde hacía tiempo, ella era testigo de todas mis lágrimas, en el parque, en la cabina, en mi cuarto y ahora arriba de un patrullero, yo seguía rígido, hasta que de repente, me tomo fuertemente del cuello apretando mi cabeza contra la ventada del acompañante, giro mi cuerpo con una silenciosa violencia, el mundo parecía un lugar horrible para existir, la vida parecía un camino horrible para transitar, las cosas parecían inútiles, la luna era testigo del horror y no hacía nada para evitarlo nadie lo hacía, luego ya de espaldas, bajo mis pantalones de un tirón y lo mismo con mis calzoncillos, se puso de rodillas detrás mío y se desabrocho la bragueta, luego lo único que recuerdo es un dolor horrendo que entraba y salía, ardía y quemaba, mi cabeza estaba totalmente roja y llena de tristezas, las demás partes de mi cuerpo parecían dormidas, comencé a perder la conciencia, de a poco, no sentía frio ni calor, ni angustia, ni pena, no sentía nada de nada, luego se subió el cierre abrió la puerta y me empujo del asiento al suelo de la plaza sin luces, caí como una bolsa de papas al piso, con los pantalones por las rodillas, escuche el ruido del motor ponerse en marcha, las luces del patrullero prendiendo y luego avanzo para atrás, luego para adelante y desapareció en la curva de la noche, quede tirado en esa plaza en la misma posición por un buen rato, no recuerdo cuanto, el culo me ardía, pero no importaba, temblaba de frio, pero no me importaba, no podía moverme pero no me importaba, solamente estaba tirado, con el pasto entrando en mi boca, con mis lágrimas empapándome la cara, roja y venosa, me quede un buen rato mirando el viejo columpio que se mecía con el viento de la noche de noviembre, bajo esa enorme luna que una vez más me iluminaba en mi más baja miseria, podía sentir el tibio calor de la pulsera de plata en mi bolsillo que decía “Marina” era la única cosa en el mundo que me hacía compañía, llore.