Esperanza

jueves, 17 de marzo de 2011


Mi día fue un poco complicado, solamente pensaba en ella, me llamo a las 8:15 AM, yo estaba trabajando así que no pude atenderla, cuando vi su llamada perdida en mi celular sonreí, después de 2 años todavía sentir ganas de verla es algo increíble, cosa que no me paso antes con ninguna otra, me gusta, me gusta entera, me gusta mala.

Ella es mala y eso me encanta, ella está tatuada, ella toma whisky añejo, ella tiene una forma de caminar por la habitación especial, ruda, rebelde, única, la admiro realmente, ya que se hiso sola y es una de las cosas que más respeto, no se parece a nadie y nadie se quiere parecer a ella, tiene el pelo muy negro y es muy blanca, sus ojos son obscuros y parecieran tener un mundo inmenso de nubes, nebulosas y estrellas dentro de ellos, puedo ver una galaxia entera con solo mirarla a los ojos; ella es tímida, es muy expresiva gracias a eso pinta, dibuja, escribe y toca la guitarra, a veces canta, sé que tiene talento para eso, pero le da vergüenza no le gusta mucho su voz, también tiene un gesto que me fascina, cuando se avergüenza de algo me mira tímidamente con la cabeza un poco gacha mientras se lleva la mano a la boca, luego cuando su mano hace contacto con sus labios, su mirada baja al piso, luego repite, nunca me había gustado el gesto de alguien, en fin, ella lo es todo para mí.

La conocí un día de febrero, hacía mucho calor, es amiga de la novia de un amigo, en ese tiempo era “la nueva” novia de mi amigo, cuando la vi no tuve más nada que decir, fue un verdadero shock, no sabía qué hacer en ese momento, ella me ignoraba.

Paso un tiempo para que me acepte una salida, parecía ser mi única oportunidad así que la aproveche al máximo, siempre fui un tipo tímido y me preocupo mucho por los demás, a tal punto que me olvido de mí mismo, pero esa vez fue diferente, como un perro en la autopista me arroje a la suerte y fui yo mismo, esa fue la mejor decisión que pude tomar.

Yo por otro lado soy diferente a ella, estoy tatuado, tomo cerveza, tengo una forma de caminar corriente, no tengo la capacidad de hablar fluidamente y eso me ayudo a expresarme por otros lugares, quiero ser escritor, es mi pasatiempo, pero secretamente quiero que sea mi vida, quiero que ella este orgullosa. Yo también toco la guitarra, así que algunas noches tocamos por horas, apagamos las luces y tocamos, solamente vemos la puntilla roja del cigarrillo de marihuana que fumamos entre los dos, es más que intenso, es diferente, es genial.

Desde que cambie de trabajo no puedo escribir, hace casi dos meses que no puedo terminar con las historias que tengo, todas por la mitad, no me inspira momentos, no me atrae.

Hace poco yo era taxista, pero por unos incidentes con el alcohol me echaron, ahora trabajo en una fábrica textil, diez horas, pero el sueldo lo vale, cuando trabajaba en las calles cada día era un capitulo diferente para el libro que tenía en mi cabeza, la gente que subía, las situaciones que se veían en la madrugada y las historias de los pasajeros eran una hoja más de mi libro a medio escribir, en cambio ahora todos los días son iguales, hasta veo la misma gente viajando en colectivo, los mismos a la ida y también a la vuelta, como el capítulo repetido de alguna serie barata que pasan a la una de la noche en canal 9, como los domingos que uno pierde durmiendo, como los años y los países.

Estoy solo en el departamento esta noche, escuchando música clásica y escribiendo en mi computadora, como loco, como desatado, había encontrado finalmente un poco de inspiración que entraba por la ventana, y estaba dispuesto a exprimirla, con el fresco aire de lluvia de la tarde, pero ahora es de noche, afuera está fresco y se escuchan tiros, estoy en calzoncillos sentado en la silla, la habitación es un desastre, las botellas acumuladas en todos los rincones, las moscas revolotean sobre la mesa, sobre los platos sucios, con el cenicero lleno prendo otro cigarrillo y tiro las cenizas al piso, caen y se acumulan a mi lado, listo… no puedo escribir más, necesito sacar toda la mierda que llevo dentro, tomo la guitarra mientras miro por la ventana, comienzo a tocar los acordes mientras pienso en la cuidad, estoy en un segundo piso de mierda, en un barrio de mierda de capital, los vecinos son odiosos y como en todos lados, nos odian, son las diez de la noche y no tengo sueño, necesito terminar ese texto, siempre me pasa lo mismo, cuando guardo los textos para terminarlos luego no lo hago como al principio quería, es extraño, pienso en ella mientras apago el cigarrillo en el piso, miro el cielo por el balcón, esta color violeta, salgo al balcón, no hay nadie en la calle, siento la necesidad de algo que no entiendo que es, no lo puedo resolver, menos aquí sentado en mi puta silla, voy a salir.

Tome mi campera negra, me puse los pantalones y la capucha, Salí a caminar por el Parque Lezama, en estos años el parque ha cambiado de una forma radical, antes tenía policías a estas horas de la noche, ahora es un nido de rateros, ladrones y violadores, creo que eso me animara, a la vuelta hay un quiosco coreano que vende cerveza con la persiana baja, voy por una y me siento en el parque, en lo alto a ver qué pasa, más bien a ver, quien pasa y que le pasa, seguramente será interesante, las sirenas pasan lentamente por los alrededores, debido a las denuncias continuas, la mayoría provocadas por adictos del barrio, la pasta base consumió a toda una generación, esto parece Hiroyima, son como zombies, como criaturas de la noche que buscan un medio para conseguir lo que quieren, algunas se prostituyen, otros roban, otros ratean, otros suplican y los niños se prostituyen por igual, la gente pasa por la mitad de esta especie de trampa de lobos como si no lo supieran, un tipo alto con un traje pasa por el iluminado sendero, los adictos atacan, pidiendo monedas, sale un pibe, no debe pasar de los 17 años, con la ropa rotosa, en remera, esta lloviznando, y realmente perdí la noción de lo que hago aquí, al alejarse el tipo, salen otros tres pibes más que lo comienzan a correr, parecen no tener ni siquiera un poco de razón como para tener algo planeado, no lo logran alcanzar están demasiado drogados, vuelven a las sombras como pequeños personajes de cuentos mitológicos, asechadores, depredadores.

Prendo un poco de marihuana, ellos no me ven, estoy en lo obscuro tomando mi cerveza bajo la suave y fresca llovizna nocturna, fumo y observo, los miro son interesantes, es duro ver en lo que nos podemos llegar a convertir, como una substancia nos derrumba y nos convierte en criaturas prehistóricas, zombies 2011, ya están entre nosotros, me largo de aquí.

Daiana debe estar por llegar a casa, caminando por el viejo barrio de San Telmo pensando en ella, como siempre, me tropiezo, con tres tipos dándole una golpiza a un extranjero, los extranjeros se notan a leguas, siempre tienen la cámara colgando, zapatos y pantalones beige, estaba en el piso tirado, los dos tipos lo golpeaban a patadas limpias, seguí mi camino. Tendría que haber limpiado un poco, Daiana se va a enojar, con las manos en los bolsillos camino lento, nada me motiva, nada me agita, creo que verla a ella será bueno, siempre es bueno, llegando a el departamento, llego a la puerta y me saco los zapatos, no la veo por ningún lugar, estaba en la cama acostada, lentamente me acerco a la cama y me acuesto sobre ella, se da vuelta, me da un beso y sonríe, vuelve a su pose original, tiene sueño, mañana es otro día de trabajo, quería hablar con ella, pero no voy a molestarla, no se lo merece, yo por mi parte no puedo dormir, mi difunto padre me habían dicho una vez que con esfuerzo todo es posible en esta vida, nunca le creí, hace años que no se de ellos, mis padres, hace años que no se de mi hermana, pero me entere que soy tío, de una nena, se llama Agustina, tiene tres años y no me conoce, creo que el destino nos depara lo mismo, yo tampoco nunca me lleve con mis tíos, me duele la cabeza, aahrg.

La miro a Daiana como duerme, sentado en la punta de la cama, parezco un enfermo, y sé que lo estoy, al menos eso dicen todos, es raro como la vida te prueba, prueba tu inteligencia poniéndote barricadas adelante, algunas de ellas, pueden matarte, pueden frenarte o penden condenarte, hay que tener cintura, viveza, inteligencia, ella es todo lo que tengo, aunque últimamente está desapareciendo, ella es mi esperanza, de hecho ese es su apellido, Daiana Esperanza, hace meses que no tomo mis medicamentos, desde que me fui de casa, soy un tipo muy sensible, creo que demasiado, pero tengo la Esperanza aquí a mi lado, mejor ordeno el departamento antes que ella despierte.

La mediocridad que me genera mi trabajo es notable en la mediocridad de mis textos, pero prefiero ser espontaneo antes de no sentir lo que escribo, “Feel Free”, vivo bajo esa única regla, en el descanso me siento con mis compañeros ellos hablan sobre brujería, mujeres, el trabajo y más mujeres, yo los escucho, saben que no me gusta hablar cuando hay mucha gente, me entienden, a veces creo que soy la persona más cuerda del mundo, estando entre estos tipos, seguidores de sectas, evangelistas, adictos al juego o a las drogas farmacéuticas, a los calmantes, a los antidepresivos, pero como en todo lugar soy el tipo raro, ella no me mando ni un mensaje en todo el día, me pregunto qué habrá pasado… la extraño.

La tarde en casa es triste, es solitaria, escapo a la soledad, pero logra encontrarme, no me entretiene como antes, ahora me lastima, me hiere, me pesa, pero no se ira, por lo menos hasta que llegue Daiana, falta poco, debe estar llegando, me siento en la cama a esperarla, mientras leo mi libro “la inmensa soledad” de Frédéric Pajak es interesante, comienzo a leerlo, las paginas van pasando, las horas también, me siento más triste, ella no entra por la puerta, a veces hay días que ella no viene a casa, no me avisa, no me llama, parece no importarle, yo me deprimo, toco la guitarra, me deprimo un poco más, tomo los restos de ginebra que quedan en las botellas vacías alrededor de la casa, tristemente, me duermo, el fin de semana no se ve nada prometedor sin ella.

Desperté la mañana del sábado con mucha resaca, ella estaba durmiendo a mi lado, no la quise despertar, prendí un poco de marihuana y me puse a cocinar, hice dos platos de espagueti con salsa boloñesa mientras escuchaba a John Lennon cantando desde el grabador, hermosas melodías que invaden la habitación, ahora rozagante y limpia, la despierto, es el medio día, ella se levanta, y se sienta en la mesa, me agradece la comida, parece gustarle, amo cocinar para ella, es mi todo, es mi Esperanza.

Mi madre me llama por teléfono, hace semanas que lo hace, es la única razón por la que suena, no la atiendo nunca, pero esta vez quise cortar el lazo de una vez por todas, decírselo en la cara, o más bien boca a oído, tome el teléfono con el tenedor todavía en la mano, dije:

- ¿Hola?

- Hola hijo soy yo - en efecto era mi madre

- ¿Qué pasa?

- Quiero que vuelvas a casa, ¿cómo estás?

- Yo estoy bien, estoy alquilando, sigo en pareja, no necesito de nadie

- ¿Seguís en pareja? ¿Con quién? Todavía crees en Daiana

- Si madre ella está acá estamos viviendo juntos

- Hijo mío tenes que comprender, ella no existe, deja de imaginar, tenes que medicarte, ¿no lo haces no?

- No tomo pastillas, no creo en esas cosas, siempre me terminas mintiendo como hiciste toda tu vida, y si no te cae bien Daiana solamente tenes que decirlo

- ¡Daiana no exist….

Corte el teléfono, odio hablar con mi madre, siempre tiene algo para criticar, de repente, me sentía muy mal, me dolía la cabeza, comenza a gritar un poco, luego fue más intenso, al igual que mis gritos, me arrodille del dolor, agarrándome la cabeza, los vecinos golpeaban la puerta, caí al piso retorcido de dolor, Daiana les abre la puerta pidiendo ayuda, los vecinos me toman de los hombros, siento que las venas de la cabeza me van a estallar, me desmayo.

Desperté a la tarde de ese mismo día en el hospital, mire el techo, un techo desconocido, mi cabeza llena de vendas, podía sentir la sangre fluyendo lentamente, me daba placer, sentía tranquilidad, veía todo más claro, no estaba tan triste, me sentía como una persona común, corriente, tirado en la cama de ese hospital mi corazón latía a un modo normal, como cuando era un niño, mi madre entra por la puerta, con un vaso de plástico lleno de té, me mira, sus ojos se ponen llorosos y me abraza, no puedo hacer nada para evitarlo, no tengo fuerzas ni para resistirme, la miro con desprecio, le pregunto, que paso.

Me dice que los vecinos me llevaron al hospital y la llamaron, que la puerta estaba abierta, que me había dado un ataque solo en casa.

- Pero Daiana estaba en casa, ella fue las que le abrió la puerta, al propósito ¿Dónde está ella?

- Hijo, te encontraron solo en casa, no existe esa chica, vos estas enfermo, tu cabeza te juega malas pasadas.

- ¡cállate!, ¿me vas a decir que mi mujer no existe?, ni siquiera la conoces

- ¡No la conozco por que no existe!

- Sos una estúpida, mira voy a llamarla al celular

Mi madre me alcanza el celular, marco el número, lo sé de memoria, 1165110621, marca, marca, me atiende el contestador, eso es raro, no puede ser, el miércoles tenía una llamada de ella, debe estar trabajando, siempre lo apaga cuando trabaja

.

- Fíjate bien el número, búscalo en tu celular –dice mi madre

Era mi número, pero no puede ser, estoy seguro que ese número era de ella.

- ¿Cuándo la conociste? – dice mi madre

- En febrero, no recuerdo bien el día

- Cuando es su cumpleaños.

- No lo sé, ella es muy reservada a veces

- Donde trabaja

- No lo sé.

- ¿No te das cuenta hijo? Tu esquizofrenia te llevo a eso, a crearla, no sé de donde la sacaste pero es así.

- ¡cállate, no es verdad, ella es todo para mí, ella me salva!

- ¡¡ella no existe!! los meses que te escapaste de casa la creaste, por tu soledad, no recuerdas nada sobre ella, solamente lo que te imaginaste, necesitas tomar tus medicación, ¿no te sentís mejor ahora?

La corrí a un lado y salí corriendo de ahí, busque mi ropa, me cambie en el baño y me fui a casa, la tenía que encontrar, no podía ser verdad, ella era real no importa lo que digan los demás, ella es mía, ella existe, la voy a encontrar, camino a mi departamento voy caminando solo, mi madre seguramente me encontrara, necesito encontrarla rápido encontrarla e irnos de acá, lo antes posible, llego al departamento, no estaba allí, no sabía dónde empezar a buscar, realmente no sabía nada de ella, busque sus cosas que siempre debajo por ahí, sus púas, sus libros, su ropa, accesorios, cualquier cosa, algo.

Busco debajo de la cama, encuentro unas hojas de papel, escritas, por mí, las escribí hace varios meses, los leo, son cuatro hojas, se trata de una chica llamada Daiana, su apellido es Esperanza, vive en Vicente López, es una música que trata de salir adelante, toda una artista, escribe, pinta, a veces canta, pero no lo hace a menudo por que avergüenza su voz, tiene veinte tres años.

Sentado en el piso de mi departamento, con las lágrimas cayendo por mis pómulos, tratando de entender que hace meses que alucino con la mujer perfecta, con la que yo mismo cree y le di vida, con esa que era todo mi mundo, ahora no lo tengo, los medicamentos la hicieron desaparecer, los odio, odio lo que me hacen, mi madre entra en la en el departamento, mientras me estoy llendo por la esquina, no me vio, me alejare, hasta que ella aparezca de nuevo, no soporto esta soledad, está mal llamada realidad, yo hare mi propia realidad, no me importa vivir en la locura si me hace completamente feliz, aun si me saca la vida, con su suave y adictivo sabor, sea como sea la llevo en el corazón, más bien en el bolsillo de mi pecho, junto a mi corazón.

Voy buscando en la basura, unos labios que me digan “esta noche quédate”

Nec

Pido perdon

viernes, 11 de marzo de 2011


Algunos se estarán preguntando por que no escribo más en este pedacito de mí que algunos de ustedes leen y sé que les gusta, la respuesta es por que básicamente no estoy pasando por un momento muy grato, no sucede nada en especial, y eso justamente es lo que sucede, no sucede nada, nada me ilumina y nada me obscurece, nada me alienta ni me alimenta, nada me llena o me deja sin aliento, he aprendido que es una de las sensaciones más horribles, no sentir, en este momento no siento, parezco no estar vivo, parezco un cadáver que nunca nadie encontró, cada día termina de la misma forma, cada fin de semana también, cada risa es por las mismas cosas, necesito algo que me ilumine, no puedo escribir si no estoy sintiendo, no puedo vivir tampoco, no estoy feliz ni tampoco estoy triste, no estoy, no soy, no.

A veces la vida nos juega en contra, nos traba, pero esta vez no sé lo que está pasando, ya que, el mundo parece bueno sin tener mi participación, parece girar como si no faltara nadie, el sol sigue golpeando duro, como hasta ayer y como lo hará mañana, la lluvia caerá, amo la lluvia, pero no logro ver su encanto esta vez, no logro ver el encanto de la ciudad vestida de gris, cosa que hace muy poco, me inspiraba de sobremanera, ¿la edad producirá esto?, no lo creo, solamente tengo casi 22 años, ¿será la soledad?, quizá, pero ya la tengo incorporada, es como mi hermana, mi hermana Soledad, como mellizos unidos por el corazón, negro, seco, y lleno de humo y alcohol.

Mi vida mejora al mismo tiempo que por dentro me apago, las cosas van de maravilla pero al mismo tiempo no tanto, me faltas vos, si vos que lees esto, por que sé que lo lees, me faltas a mi lado, solamente necesito una palabra que me haga renacer las sensaciones que busco por todas partes pero no puedo encontrar, soy como la cabeza sin el corazón, frio, rígido e insensible, pero no por gusto, no por devoción, busco lo contrario, pero las cosas no cambian, desearía verme en este mismo momento de mi vida, pero con la forma de ver todo como antes, me venció mi hermana, mi hermana Soledad, es muy pesada, no se aparta un segundo de mi somos mellizos unidos, y no podre sepárame de ella tan fácilmente, ¿con que propósito? No lo sé, y lo sé bien, ella no se ira nunca, está pegada en mi pecho, pero… no la quiero tener cerca, cuando todo salía mal, era muy buena companía yo creía que cuando las cosas mejoraran nos llevaríamos mejor, pero obviamente tenemos objetivos distintos, lo malo es que los dos objetivos son para mí, los peleamos, no soy el único dueño de mí, es más, muchos de los escritos que leen aquí son autoría de ella, o gracias a ella.

Por eso quiero pedir perdón, a todos ustedes, tengo muchos proyectos que verán aquí, pero este no es el momento, escribiendo soy muy perfeccionista, creo que es el único aspecto de mi vida en el que lo soy, y la verdad quiero que lean lo mejor de mí, o en todo caso de Soledad, el escribir es y a la vez no lo es, fácil pero difícil, placentero pero cansador, hermoso pero horrible, da orgullo pero a la vez produce melancolía, frustración, bronca, pero créanme que no existe nada comparado con la reacción que tienen alguno de ustedes con los que he tenido el gusto de hablar o leer, no los voy a abandonar, pero necesito estar bien primero para poder dar lo mejor, quiero lo mejor para ustedes, quiero lo mejor para mí.

Repito las disculpas y espero que sepan entender, vos me podes cambiar con solo unas palabras, vos que sé que leerás esto, vos que lo estás terminando de leer, yo lo sé, ustedes lo son.

Se despide Nec.

¡Hasta pronto!

viernes, 7 de enero de 2011

Pateando basura


Mi abuelo me contaba siempre de chico las historias de su vida y la verdad no me imaginaba haciendo algo similar nunca, me decía que había comenzado a trabajar a los 13 años solamente por el hecho de que no le gustaba la escuela, que se había casado a los 23 por que había dejado embarazada a mi abuela, nunca se había separado por no lastimar a sus hijos, había trabajado en el mismo lugar por 40 años, estaba jubilado hace 25 años, yo ni siquiera tengo esa edad 25 años.

Al crecer uno cree que las personas mayores son seres inalcanzables y de alguna forma siempre lo serán, nunca vamos a poder ser más que ellos ya que ellos no son más lo que eran y nosotros somos lo que somos, no lo que queremos ser, mi padre también me parece un tipo inalcanzable, creo que se nota a kilómetros el respeto que le tengo, la vida de él fue similar a la de mi abuelo, su padre, nada más que un poco más distorsionada.

Mi padre comenzó a trabajar por decisión propia a los 14 años, a los 18 dejo embarazada a mi madre, de mi hermana y se casó con ella a los 20 años, 25 años después se separaría de ella tras sufrir años de desdicha y engaños, lo mejor para él y nosotros, luego de irse de casa no sería el mismo, se perdería en las noches y dejaría de verlo.

Por mi parte cargo con toda esa responsabilidad en mis hombros para seguir el camino que mi apellido conlleva, que sinceramente me importa un carajo, tengo 22 años, no tengo hijos ni mujer, deje la escuela a la edad de 16 años por decisión propia para comenzar a trabajar, en este momento estoy desempleado, tube problemas con la bebida pero ahora lo se controlar un poco más, tube problemas de drogas pero lo se controlar un poco más, tube problemas de amor que todavía no puedo controlar, en fin, me fui de casa, con mi último sueldo alquile un departamento de dos ambientes lejos de mi ciudad, lo más lejos posible, estoy seguro que mamá no me extrañara, es lunes por la mañana y tengo que buscar trabajo, me levanto a las seis AM busco el diario y salgo a la calle, en unos días me echan a la calle ya casi se cumple un mes desde que pague el alquiler, lo único que me falta dormir en las calles, mi padre estaría orgulloso.

Salgo a la calle helada por el invierno voy a la estación saco boleto y me siento a leer los clasificados, una de las cosas que me juega en contra es no tener el secundario terminado, no tener buena presencia ni mucha experiencia pero no tengo nada más para ofrecer, por lo menos laboralmente, mi mente viaja lejos mientras trato de desconectarme y leer con claridad “Se busca empleado para depósito, buena presencia, secundario completo y con experiencia en el área, presentarse de 8 a 14 HS en la calle Roca 115, Buenos Aires Argentina” , si es justo para mí, estoy a tiempo de llegar, el tren de a poco se acerca.

El viaje en tren de esta hora es una mierda, siempre lo fue y lo seguirá siendo, viajar parado con ciento y algo de personas que no quieren estar ahí, que todavía quieren estar en sus casas, calientes en sus habitaciones, durmiendo con sus mujeres, justo como yo, veo por la ventana el paisaje de esta nublada mañana de lunes, el vidrio un poco empañado deja ver un poco hacia fuera, como el tren se abre paso entre los árboles y el campo, pensando en… en nada, hace tiempo que no puedo pensar en nada, nada me provoca nada, no pasan cosas interesantes en mi vida, no siento nada en mi alma, no tengo razón para levantarme o para morir, es altamente aburrido pero es así, llegando a la siguiente estación se bajan la mitad de las personas del vagón, consigo un asiento y sube una señorita que se para en el pasillo delante mío, me levanto y le dejo mi asiento, es demasiado bonita como para viajar parada, luego de hacer estas cosas siempre me arrepiento, quizás debe estar satisfecha, ya que obtuvo un asiento en el tren por el solo hecho de ser linda, no me detuve a pensar si era una buena persona, no me detuve a pensar que quizás se alisto tres horas antes de salir para que alguien quizás le pueda llegar a dejar un asiento libre en ese cargado tren, o quizás, o quizás esté un poco demasiado paranoico.

Muero por fumar un cigarrillo, me dirijo hacia el fondo del vagón, más específicamente la puerta del mismo, le pido permiso a un par de seres invernales y me acomodo, saco un cigarrillo y me percato de que mi encendedor esta en mi mesa de luz, esta donde todos querríamos estar en este preciso momento, durmiendo en su habitación, le pido fuego a uno de los seres que me rodean, me convida fuego, prendo el cigarrillo echo una pitada de humo y miro por la puerta del vagón, como pasa sobre los puentes y las autopistas, ya estamos cerca, son las siete de la mañana y el sol apenas se asoma por el horizonte, creo que este será un día de mierda.

Bajo de la estación y me tomo el 59, todavía mi viaje no llega a destino, esta vez consigo viajar sentado sin darle el asiento a nadie, llegando a constitución me hace acordar a mí mismo y a cómo podría llegar a terminar si no logro conseguir un trabajo pronto, las putas en las calles, la droga en cada esquina, la miseria en el aire, las armas en sus bolsillos, pareciera el infierno y yo agonizando arriba del 59 dando un tour gratuito sobre mi futuro, pero en el fondo, tampoco me importa un carajo.

Finalmente llego, lo reconozco fácilmente por que la cola llega hasta la esquina, la cola formada por tipos como yo, a pesar de ser muy distintos nos reconocemos, sabemos que el menos peor será el afortunado que obtenga el empleo, pero no sabemos distinguir quien, ya que somos todos igual de miserables, el tipo que está delante mío comienza a mirarme, luego me mira de nuevo y me sonríe, es un tipo de aproximadamente 40 años, muy avejentado, tomado de una petaca, sabía que en cualquier momento me iba a ofrecer un trago, es un viejo truco que los alcohólicos hacen, cuando salen a buscar empleo y no pueden dejar de tomar buscan a alguien que tome con ellos, creo que sienten que tienen más posibilidades cuando encuentran otro ebrio como ellos, los hace sentir menos solos.

Me ofrece un trago cual rechazo fríamente, se da la vuelta y comienza a mirar a otro tipo, por mi parte estaba tranquilo y un poco indiferente, pensando en nada como todo el maldito día, de a poco la fila se iba consumiendo como mi paquete de cigarrillos, finalmente llegaba mi turno, entre me recibió una secretaria me dijo que llene un formulario y que tome asiento, eso hice, me senté en una sala de estar junto a otro cuatro tipos, no nos mirábamos solamente llenábamos el formulario, que era básicamente hacer nuestro curriculum a mano, luego llamaron al primero yo estaba último, grandes expectativas no tenía pero ya estaba ahí, realmente odio salir a la mañana, tenía varias cosas en contra para pensar mientras esperaba mi turno que finalmente llego, llaman mi nombre y entro a la oficina, me recibe un tipo canoso que decía que se llamaba Oscar, de piel morena, con una camisa, zapatos y pantalón de vestir, me dice que me siente, luego me dice.

-

Bueno cuénteme algo más de usted, ¿dónde vive?

- Vivo en la matanza en Gregorio de Laferrere

- ¿Y cuál fue su último trabajo?

- Fue de ayudante de cocina señor

- ¿Por qué no trabaja más ahí?

- Me dejaron ir por reducción de personal, estaba en negro

- Y tiene experiencia en el área de deposito

- Sí señor, fui encargado de depósito en un lavadero de parque patricios, y trabaje en varios expresos.

- Está bien, lo vamos a tener en cuenta, ¿anoto su número en el cuestionario que le hicimos llenar?

- Sí señor, los dos, el número fijo y el celular

- Entonces perfecto te llamamos en la semana – me dice mientras me tiende la mano para saludarme

- Señor disculpe, ¿esa es su hija?, la de la foto

- Si es mi hija, ¿se puede saber por qué lo quiere saber?

- Por nada en especial quería felicitarlo por lo hermosa que es – le digo tomando su mano

- Gracias, estoy orgulloso de ella

- Bueno señor que tenga un buen día

- Hasta luego – me dice mientras cierro la puerta

Obviamente el hijo de puta no me iba a llamar, pero por lo menos me saque las ganas con lo de su hija, realmente era hermosa, tengo hambre todavía no desayune, voy a un kiosco y agarro unos sándwiches de miga y un agua, salgo a caminar, me encuentro con un plaza y me dispongo a comer sentado en ella, me siento como un vagabundo en la capital del país, desubicado como en todo lugar, tiro el diario de hoy en un tacho de basura y voy a lo que por ahora es todavía “casa”, el viaje es mucho más tranquilo ya que viajo prácticamente solo, durmiendo, llego a casa nuevamente, abro la puerta y me acuesto en la cama, prendo la radio como para que adorne un poco el ambiente y me acuesto en mi cama, me duermo.

Despierto por la tarde, la radio sigue prendida no hay nada interesante para escuchar en la radio, hace años, miro por la ventana y ya es de noche, voy a mi mesa de luz tomo mi encendedor y la mitad de mis últimos 400 pesos para el alquiler y salgo a la calle, caminando pensando en nada en particular llego al bar, la puta madre lo mal que me siento se refleja en el espejo que está detrás de la barra, no sé por qué, pero es leve y a veces hay días que el alcohol lo hace sacar a flote a borbotones, pero es una extraña sensación, estoy solo, pido una cerveza, la tomo con mi mano derecha y comienzo a beberla.

Esta noche puedo escuchar el sonido de la ciudad es como si me estuviera cantando algo que realmente no llego a entender, pero lo puedo escuchar, será que la ciudad también está en agonía, ¿también sufrirá? Yo creo que sí, la fría brisa entra por la ventana, pido dos latas de cerveza y salgo de ahí, salgo a caminar, cuando llego a la plaza me acuesto en el pasto, no hay nadie más en esa plaza a esa hora de la noche, siempre estoy solo, en todos lados, a todo momento, a pesar que mis amigos no viven lejos de aquí no están, no están hace años y no lo estarán por muchos más por lo que parece, paso los días escribiendo y las noches tomando, tomando para tener algo interesante que escribir el día siguiente, creo que necesito una vida, la realidad en la que estoy no creo que se llame de esa manera, es como una marea que no se compara con el océano, como una hoja no se compara con un árbol, no se compara “esto” con estar vivo, siempre me pregunte como será.

Gotas de lluvia comienzan a caer como las lágrimas cuando te dije adiós, el cielo me observa y yo a él, me corro, no quiero embarrarme, abro una lata de cerveza y tomo un sorbo, los patrulleros comienzan a dar vueltas es hora de irme a casa, tengo más de veinte cuadras que me amenazan peligrosamente, pero no tengo otra salida, si esta cuidad fuera amable perdería su único encanto, su raíz.

Cuando llego me acuesto y me duermo casi de inmediato, tengo hambre pero eso no importa, me despierto a las seis de la mañana tomo lo que queda del resto del dinero y salgo a la calle, me tomo el primer colectivo que encuentro era el 180, es un largo viaje, como siempre miro por la ventana, las calles, el día gris, la gente con paraguas apurada, siempre la gente está apurada, si tan solo se levantaran más temprano…

Bajo cerca de la costanera y voy hacia Puerto Madero, que pierde un poco su encanto a la mañana, Puerto Madero es sin dudas un paisaje nocturno, me quedo pensando mirando el agua, el día tiene muchas ganas de llover de nuevo, un perro se me acerca, es rarísimo ver un perro callejero en capital federal, lo acaricio y se sienta a mi lado, el único ser que me presta atención en meses, desde que ella no está.

A veces siento que voy a terminar en las calles buscando en la basura, unos labios que me digan esta noche quédate, carenciado de afecto, herido por la soledad, pero que carajo, es verdad lo admito todavía no la olvide, todavía no creo que exista otra como ella, fumo un cigarrillo tras otro y un par de lágrimas se caen por mi mejilla, la extraño.

Me levanto y sigo caminando, el perro que me hacia companía levanta la cabeza para verme y se acuesta de nuevo decepcionado, es así querido amigo las personas se van ,camino solo si un lugar donde ir, mirando las baldosas y las calles pasar, pero en el fondo se dónde voy a terminar, caminando llego a un viejo bar, muy sucio, definitivamente mi tipo de lugar, entro y veo a ocho tipos algunos en mesas otros en la barra, pero todos solos, como yo que atravieso la puerta para sentarme en la barra y pedir una cerveza, el tipo de la barra me la da, le pago y comienzo a beberla, no me importaría morir, tampoco seguir viviendo, con tantos problemas que lleva estar vivo, creo que sería mejor fundirse de un vez, ya hice lo que quise con esta corta edad, y sé muy bien que no voy a poder obtener lo que quiero, como siempre, la vida no es un cuento que puedo manejar a mi antojo, no puedo darle el, final que tanto deseo, lo único que controlamos de nuestras vidas es el derecho de quitárnoslas, me parece una decisión muy respetable que si todo sigue así quizás algún día la reconsidere, uno no está consiente o no quiere estarlo, pero a la noche en mi habitación puedo ver los fantasmas de mi pasado sobrevolando, atormentándome, mirándome, siempre simulo no verlos para que quizás se cansen y se vayan, pero son muy insistentes, creo que se me acabaron las reservas de cordura, creo que no hay vuelta atrás, creo que me tomaría otra cerveza.

Mientras me tomo la otra cerveza están dando en el noticiero como siempre noticias que dan ganas de quedarte en tu casa encerrado y no salir nunca más, al parecer habría asaltado a dos jubilados y golpeado a uno entrando en su casa, no sé qué es peor si la gente que se aprovecha de los ancianos o el noticiero vendiendo paranoia, me da asco todo, me da asco las cosas que escribo, por que sé que algún día cuando las encuentren y las lean van a pensar “este tipo es un jodido loco” siempre me decían que me hacía demasiado problema por todo, que me importaba demasiado, bueno aquí me ven hundido en la derrota, no es de sorprender que todo el mundo te tire abajo, pero ¿tus amigos? Eso sí es de novela, no puedo creer pero ya son las nueve de la mañana, tengo que irme de aquí.

Y así me encuentro caminando sin un rumbo aparente… otra vez, pero esta vez me auto-engaño por qué sé que voy a terminar con ella, como siempre, camino y camino, la gente me esquiva, no me presta atención, un poco ebrio me concentro solamente en llegar y verla, verla de nuevo, me gustaría que las cosas siguieran como antes, pero sé que no hay nada por hacer y lo peor es que mi corazón todavía está con ella, que nunca voy a poder amar a alguien así, o que no voy a querer hacerlo, como duele, siempre duele, no quiero que duela, siempre va a doler.

Finalmente llego, paso por la entrada directamente donde esta ella, me pongo delante de ella, la miro, ella mira hacia un costado, no me mira, eso me molesta, hace como si no estuviera ahí , me sentí como un completo idiota al ir a visitar a una mujer que me abandono y ahora no puede mirarme, le digo.

- Hola ¿no?, vas a hacer como siempre que vengo, ¿ignorarme?, me haces sentir un completo pelotudo ¿sabes?, contesta dale, por lo menos mírame, vas a empezar con lo que siempre decías, ¿perdón?, vos siempre creíste que con un perdón arreglabas todo, que egoísta sos sabes.

No me contesta, solamente está igual que cuando llegue, eso me duele más, comienzo a tomar bronca.

-

Sabes que, no sé por qué sigo viniendo, en realidad si lo sé, es por qué te extraño, pero a vos no te importa un carajo, nunca te importo un carajo, para irte y dejarme solo en esta mierda, nunca me dijiste el por qué, fue muy egoísta, sos muy egoísta, ¿sabes qué? No pienso venir más, me canse, me canse de todo, me canse de vos, te amo pero, adiós.

La gente me mira mientras me alejo de la tumba, con los ojos llorosos, alguno que otro pone su mejor cara de lastima, algunos quieren hablarme, pero yo solamente quiero salir de ahí, no quiero verla más, me hace mal, se fue, y no me consulto, eso me dolió, me hubiera gustado irnos juntos, como alguna vez prometimos.

Cruzo la calle y veo un viejo bar, no es muy barato, pero es realmente todo lo que tengo, las penas no se ahogan en el alcohol, ya que al día siguiente vuelven más vivas que nunca, lo bueno del alcohol no es eso, es que el tiempo es más corto para todo, más corto para irse, para despertarse, más corto para que llegue el día en el que me valla con ella.