The Zephyr Song

jueves, 8 de septiembre de 2011

Mi Céfiro




Nunca había tenido la capacidad para escribir historias de amor, por lo menos una decente, quizás por que no viví una decente en carne propia, quizás por que no lo descubrí o mi visión de decencia no es la más adecuada, cuando la vida te pega duro tenes que seguir de pie, como una pelea de borrachos, no es quien resiste más los golpes o quien gana o pierde, la verdadera esencia está en no ser el primero en caer y nunca bajar los brazos, por que cuando un borracho cae al piso va a ser muy difícil que se levante, y yo no tenía que ser ese borracho, el día era lluvioso en la ciudad de buenos aires, eran las cinco de la mañana y mi reloj sonaba indicando que era hora de ir a trabajar.

Mi vida era mediocre, tanto como la tuya o la de los demás, seres corrientes que adornamos este planeta que solamente algunos afortunados pueden pagar y disfrutar, a mí no me importaba un carajo el dinero, no tenía a nadie a mi lado y me llevaba deliciosamente mal con mi familia, no tenía esperanzas, no creía en el futuro y el pasado estaba muerto para mí, como toda la maldita gente que me acompaña en el colectivo en las mañanas, todos estamos un poco muertos a las cinco de la madrugada, todos vamos hacia un lugar que no querríamos ir si no nos pagaran, es como extorción, está mal, como mi día de ayer.

Ayer me levante con resaca y fui a trabajar, vomite en el baño antes de llegar y me enjuague la boca con un poco de agua, la escupí, tome la toalla y limpie mi boca con ella, sali a cambiarme. Trabajar en una fundición es una de las peores situaciones que algunos pocos seres “vivos” tenemos que pasar, levantarte demasiado temprano, para ir a un lugar demasiado horrible, la mayoría de la gente que encontras trabajando ahí somos tipos con problemas, con vicios, con violencia, siempre a punto de estallar, pero tan acostumbrados al maltrato y a las desdichas que aprendemos algo que es realmente útil, tener el cerebro en estado muerto, solamente seguir hacia adelante por inercia, no sabes bien como lo logras solamente sabes que lo haces, a las ocho de la mañana tenes a un idiota hablándote sobre sus problemas que realmente no te importan y luego cuando te das cuenta te despiertas en el colectivo a cuatro cuadras de tu parada, lo demás paso tan rápido o te desconectaste tanto que ni siquiera lo sentiste, pero después esos cortes o pequeños rayes de amnesia toman cada vez más parte de tu vida, un día estas tomado una cerveza y cuando recordas estas levantándote en tu cama con una resaca letal, la boca seca y la cabeza hecha una laguna, una laguna de preguntas sin respuestas y de peces muertos flotando en todo tu cuerpo, así se vive un día normal en mi cabeza.

Mis compañeros son bastante charlatanes a la mitad de la mañana, odio a la mayoría de ellos, como sé que también me odian a mí, no los entiendo y no me entienden, realmente no conozco a nadie que lo haga, así que me parece bastante justo, estoy acostumbrado a in-comprender, estoy acostumbrado a aislarme y pensar, a leer, la mayoría se juntan a tomar cocaína en el baño de hombres  fuera de servicio, todo el mundo lo sabe, pero nadie lo nota, es como un secreto a mil voces, si pasas por la puerta se pueden escuchar las narices aspirando, luego salen todos juntos como si no importara nada y siguen trabajando, es que, naturalmente no se podría aguantar este trabajo sin algún tipo de estímulo y mientras más toxico sea mejor, lo mío es más casero, solamente una petaca de ginebra en el bolsillo derecho y un par de tragos a la mañana, la cocaína había pasado a ser una parte muerta de mi historia, nunca le encontré el uso correcto, si tomaba mucho no me gustaba y si tomaba poco siempre faltaba, me parecía idiota tener otra cosa más de que depender, dependiendo del oxígeno tenía todos los problemas que necesitaba, no podría vivir tomando cocaína, sería demasiado, sería corto, y si hasta a veces pierdo el sur, creo que sigo vivo por algo, existe una pequeña llama en mí que todavía media moribunda me indica que algún día algo pasara y valdrá la pena, si, lo sé.

A la vuelta a casa siempre me encuentro viajando parado, las caras no son las mismas todos los días ya que vuelvo desde el centro de la ciudad hacia los suburbios, el frio de la tarde invernal es incómodo, el cielo sigue gris y campante, las calles brillantes por el roció que cae en ellas, que cae en mi cabeza, la fila es lenta, es como todas las filas, es odioso esperar, odio las filas, odio esperar, odio mucho últimamente, creo que me saldrá una ulcera en el medio del cerebro.

Cuando termino de pagar mi boleto me dirijo hacia el medio del colectivo, tenía los auriculares puestos iba a lentos pasos escuchando Nirvana, Cobain me gritaba mientras pasaba entre la multitud de gente, mi cabeza apuntaba siempre a la ventana más cercana o al libro que tenía en manos, estaba leyendo La senda del perdedor, cuando algo me llama lo suficiente la atención como para dejar de leer lo que llevaba en manos, no fue algo concreto rotundamente, fue un perfume, un aroma extrañamente familiar y ajeno a la vez, como alguien especial, no pude identificar a la que lo portaba, por más que mirara a todos lados sin ningún tipo de pudor, solamente vi a una mujer de campera  negra pelo castaño obscuro bajándose, llevándose con ella el perfume, ni siquiera sabía dónde había subido, ni siquiera sabía dónde había bajado, ni siquiera sabía su nombre o como era su rostro.

Cuando me di cuenta estaba en mi casa, solamente se escuchaba el ruido de las teclas escribiendo y la habitación se llenaba de humo de a poco, las cenizas caían en el piso, en la mesa, en mis piernas, flotaban ensuciando las paredes machacadas por la humedad, mi ropa estaba tirada por todo el lugar, la cerveza estaba por la mitad y el día seguía gris, luego de un rato me acosté en mi cama con mi guitarra y comencé a tocar notas que me llegaban a la cabeza, no me convencía nada, no quería ser como nadie y no sabía bien como quería ser, solamente sabía que ese perfume lo quería tener a mi lado, el ultimo perfume que había tocado mi almohada era de Gisel, hacía años que se había esfumado ella junto a su perfume, su olor, ya nada existía en mi cuarto más que mi locura y botellas vacías de cerveza por doquier, nunca nada bueno es suficiente, nunca la cerveza es suficiente, nunca el amor es suficiente, nunca los perfumes lo son, se esfuman, se los llevan los días como el de hoy, se los lleva la lluvia, recordé a mi padre por un momento, recordé mi infancia, recordaba a Gisel, pero no quería volver a verla nunca más, no quería ver nunca más a muchas personas, pero a la vez quería sentir nuevamente, el sol caía en mi ventana y la noche golpeaba fuerte, el frio se colaba por cada rincón que tuviese oportunidad, las cosas malas son perfectas, lo bueno nunca va a ser tan perfecto como lo malo, prendí el velador y seguí escribiendo y tomando hasta quedar dormido, sintiendo las gotas golpear contra mi ventana.

Al día siguiente era más de la misma mierda -lo malo es perfecto- pensaba mientras miraba por la ventana del colectivo, la vida me había dejado solamente con un amigo, se llamaba David, siempre me llamaba cuando salía del trabajo para juntarnos a discutir sobre nada y tomar cerveza en cualquier lugar, era el único tipo que conocía que sentía el mismo asco por todo que yo, éramos muy diferentes y nos conocíamos hace mucho, pero hacia aproximadamente un año estábamos todo el tiempo juntos, son de esas personas que consideras amigos por una temporada luego desaparecen pero siguen estando ahí y luego vuelven a aparecer diariamente, bueno David había aparecido diariamente hace un año y todavía lo seguía haciendo, era el único tipo que me hacía volver a la cordura y a veces la perdíamos juntos, los seres sensibles somos así frágil por dentro.

Nuevamente llegó la hora de volver a casa desde el trabajo, sin dudas deseaba volver a sentir ese perfume, deseaba ver a la que lo portaba, deseaba que fuese hermosa, deseaba una cerveza, el colectivo llego y la fila fue avanzando lentamente, entre me apoye contra una de las paredes y saque mi libro, lo abrí en la página 126 y continúe desde donde lo había dejado esa mañana, los ojos me pesaban mucho como para leer, odio esa sensación la odio, mire a mi alrededor y solamente vi cabezas, gente dormitando, cansadas, gente que odiaba pero no se daba cuenta de eso, por que seguramente tendrían algo bueno esperándoles en casa o por que volvían de un lugar placentero tenían cara de que había algo que valía la pena, se podía notar esa gente resaltando de los demás, de nosotros, “los demás”, luego la vi, viajando sentada del lado de la ventana casi al final del colectivo, sabía que era ella, la tenia de frente la pude ver, pude ver su rostro, tenía unos ojos que parecían un océano, profundo y obscuro, tenía cara de que no había algo que valía la pena para ella, al menos eso me provocaba su cara maquillada, la mire por un largo rato, ella no se percataba por más que mi mirada fuera agresiva y hasta molesta, no parecía tener conciencia de nadie en ese colectivo, mandaba mensajes con los dedos de vez en cuando, solamente pude leer tres páginas en todo el viaje, era realmente una persona que distraía a cualquiera que se percataba que estaba ahí, lamentablemente me percaté de que ella estaba ahí y ese fue el fin de mis lecturas en el colectivo, no podría seguir, había caído de nuevo, maldita sea.

David me llamo esa tarde cuando llegue a casa dimos unas vueltas y terminamos en una persiana tomando cerveza, finalmente fue más fuerte que yo y le conté sobre la chica del colectivo, no le importó mucho, ya había escuchado muchas historias similares con muchas chicas en el mismo colectivo, pero como siempre ella parecía más especial, la esperanza está presente en todos nosotros incluso cuando la perdemos o mejor dicho cuando creemos perderla, con David nos quedamos hasta tarde, ya borrachos y temblando de frio nos despedimos y fuimos cada uno a su casa, me senté a escribir poesía, nunca lo hago, mis poesías no me gustan , abrí una nueva página y comencé.


Ni el cielo más inmenso cabria en esos ojos
Ojos color café de sabor amargo
Con un calor tibio y cariñoso
Oh que no daría por esos ojos
Que sepan que estoy presente
Que sepan que existo
Que me distraen lentamente

Todavía extraño su dulce aroma
Y su cara maquillada que irradia mil sonrisas
Como la brisa de otoño que golpea mi ventana
Y yo borracho de tristeza me ahogo en cerveza
En sus ojos que son lagos obscuros y explorables
Deseando vivirlos me duermo cada día
Deseando apreciarlos y nunca más soltarlos

<> dije antes de levantarme de la silla y morir en mi cama que parecía ya extrañarme un poco la -única que lo hacía-, no podía dormir, no podía cerrar los ojos pensado que mañana me tendría que volver loco de nuevo para entrar al trabajo, no se puede estar cuerdo para trabajar en un lugar como ese, se daría cuenta y ese sería mi final, como una gacela en la jaula de los leones, apague todas las luces e hice lo que pude, finalmente me dormí. Desperté a las dos horas todavía borracho, agarre el celular y llame a David, no contesto, debe estar durmiendo como una gigantesca piedra, me vestí , me abrigue muy bien y sali a la calle a buscar alcohol y situaciones, pero la necesidad básica era el alcohol, otra vez había pasado, toda la mierda que llevaba dentro tenía que explotar tenía que autodestruirme para evitar herir a los demás, como antes, tenía que salir a demacrar por las calles, lo necesitaba, creo que todos lo necesitan al menos una vez, si todo fuéramos así habría menos asesinatos, más locura y a la vez más cordura.

Había un quiosco que vendía alcohol con la persiana baja, fui hacia él, toque el timbre y un tipo extraño salió, siempre, todos las noches en los días de semana salía un tipo distinto a atender, esa casa sería la más extraña, pero como la vida… me importaba un carajo y más en ese momento, compre tres cervezas que cargo en envases vacíos de gaseosa, me las dio y me senté a tomarlas en la esquina solo a las dos de la mañana, fumaba y tomaba bajo la helada noche de invierno, nada me importaba, -“nacido para morir”- lo único real es lo básico, la vida y la muerte, que no son siempre contracaras, son lo mismo, visto desde un punto de vista diferente, desde un punto de vista nihilista, como siempre lo malo siempre es más perfecto.
Termine esas tres cervezas y una docena de cigarrillos y me fui sin rumbo alguno, a duras penas llegue a casa abrí la puerta tambaleando y me tire en la cama, como todas las noches, como toda mi vida, no podía recordar la última cosa amable que alguien había hecho por mí, creo que era algo comprensible, yo nunca haría nada por ellos, al final todos obtenemos lo que de algún modo merecemos, todos somos capases de salir de nuestra situación, pero solo algunos pocos tienen la resistencia como para llevarlo a cabo, no estaba seguro de muchas cosas de mi vida, es más ni siquiera estaba seguro de donde me llevaría o terminaría, pero de lo único que estaba seguro era que tenía que sentir ese perfume y ver ese rostro de nuevo, pero no de esa manera, me gustaría verla sonreír, apuesto que lo llevaría a otro nivel, por lo menos en mi cabeza así lo seria, yo no era un tipo de agradar y eso no era novedad, pero si tuviera la oportunidad la haría sonreír todo lo que necesitara y me di cuenta de algo, que ese era el sentimiento menos egoísta que había tenido por alguien, por alguien que ni siquiera conocía, me sentí extraño y me dormí.

Desperté en mi habitación, con una resaca horrenda, parecía que mi cuarto estaba empañado, tenía ganas de vomitar y toda la mugre me rodeaba, se me impregnaba, la tenía en mi cabeza y en mis sentidos, no era de extrañarse que fuera así, como siempre, obtenemos lo que de algún modo merecemos, creo que ella merecería algo mejor que yo, pero de algún extraño modo era otra cosa, distinta a ella, casi de otro planeta, no me imaginaria su mundo, lleno de pretendientes, que saben bailar, seducir, vestir y ganar, yo solamente tenía lo que llevaba dentro del pecho y una gran actitud, pero sabía que nunca brillaría tanto como para llamar su atención, era triste, era raro, era extraño que me haya acordado de ella apenas me levantaba, me levante y fui al baño a vomitar.

No fui a trabajar, me quede en mi cama sentado, mirando la pared, tantas cosas había visto esa pared alquilada, que me hacía sentir inferior, esa pared había visto más  que yo, si esa pared alquilada de habitación había visto más que yo, cualquier ser mortal también lo había visto, había algo fuera que parecía que solamente yo no lo sabía, me sentía mal, me sentía mal por absolutamente nada, a veces es mejor tener algo para pasarla mal, pero la ausencia de eso era devastador, eras como una máquina que no tenía corazón, pero a la vez te sentías triste como más sensible que el resto, apartado e ignorante.

Me levante y comencé a escribir unos versos sin sentido, algunos intentos de canciones hasta que mi resacada cabeza pidió un descanso, descaso de la podrida realidad, saque la poca marihuana que me quedaba y arme un cigarrillo, lo prendí y me acosté boca arriba en la cama, definitivamente tendría que vivir de alguna manera y el único camino para ser feliz era el placer, y no pensaba desperdiciar ninguna oportunidad, no podía dejar esos ojos marrones desaparecer de mi vida, pensé en eso mientras miraba el húmedo techo de la habitación de alquiler, pensé en Gisel, en mis padres y en lo que yo realmente quería, y seguramente sería muy lejos de ellos, con alguien con una locura como la mía, pero hasta encontrarla, tenía que probar tenía que disfrutar cada oportunidad de emoción o de felicidad y eso hice todos estos años, no soy el orgullo de nadie más que de mí mismo, me probé que realmente nadie me podría separar de mí y mi objetivo de vida, disfrutarla lo más extrema y deliciosa posible, eso hice, eso hago y eso haría, me vestí y sali por la puerta.

La calle estaba helada y mojada, yo caminaba a tomar alcohol por ahí, para no terminar de volverme loco, para salir un poco de todo esto, lo real era demasiado malo, había que distorsionarlo un poco así se volvía emocionante, compre una cerveza en el quiosco de la esquina y seguí mi camino hasta la plaza, termine esa cerveza fui por otra y por cigarrillos, la gente paseaba, era una hermosa tarde que estaba comenzado a despertar, las grises nubes de a poco nos dejaban y se podía ver el sol agonizando en el horizonte pintando el cielo de cientos de variantes colores rojos y naranjas, realmente por algo valía la pena todo esto, tome un largo trago para celebrarlo. De a poco comenzaba a obscurecer y las botellas vacías se iban juntando a mi alrededor, cadáveres de mis victorias, cada vez que una cerveza caía vacía en el pasto me sentía victorioso, me sentía más orgulloso y extrañamente coherente -definitivamente algo no andaba bien- pensaría cualquier vecina, cualquier persona que pasase por frente mío, pensarían mis padres, algo no andaba bien y tenían razón, pero nadie comprendía, nadie comprendía nada, nadie a salvo de mí mismo estaría orgulloso de algo como yo, y eso también me enorgullecía.

Estaba un poco ebrio en la plaza sentado en un banco hacia cerca de dos horas cuando mi celular comienza a vibrar dentro de mi bolsillo y comenzó sonar de a poco cada vez más, lo saque de mi bolsillo era una llamada de un número que no conocía, conteste:

-          ¿Hola? – dije

-           Soy Gisel – me dice su voz del otro lado

-          Ah ¿qué haces, como andas?

-          Bien bien, mira te llamaba para saber cómo andabas vos

-          Yo todo bien por suerte
-          Y además te llamaba para decirte que te extraño

-         
-          Quiero que sepas que a pesar que paso tanto tiempo nunca te olvide, creo que fuiste lo mejor que me paso – dijo con su voz un poco quebrada al final.

Colgué el teléfono -hija de puta- pensé, con solo esa llamada me tendría todo el día pensando en ella, realmente las mujeres eran completamente frías y mucho más tácticas que nosotros, la presa éramos nosotros mismos pero no lo sabíamos, lo que era matemáticamente la mejor estrategia, esa noche soñé con ella.

Al otro día al volver del trabajo ella estaba viajando parada en el colectivo lleno, yo la miraba distante como desde otro planeta, tenía algo que definitivamente llamaba la atención pero no sabía exactamente que era, así me convencía cuando la miraba, no lo creería. Ella me mira fijo, le sostengo firme la mirada hasta que la aparta, eso fue todo, seguí leyendo mi libro, cuando me di cuenta estaba nuevamente en mi cuarto, Gisel volvió de nuevo a mi cabeza envenenándola, y así seguí por horas, pensaba mirando la humedad de la pared alquilada de mi habitación, veía su rostro, recordaba su voz y casi sentía su respiración en mi hombro como hace mucho tiempo atrás, la soledad pegaba duro ese viernes por la tarde, como todos los días, pero los viernes por la tarde eran duros, todo es más duro al enfrentarte a la locura con una sensatez que nadie entiende, y más aún que a nadie le importa, tome el celular de la mesa al lado de las botellas vacías de cerveza y marque su número, puse el celular en mi odio y comenzó a llamar, no contestaba nadie luego colgué y lo intente nuevamente, tampoco atendía nadie, a veces los días como hoy desearía tener a una mujer, para caminar por algún lugar hablando de todo un poco, creo que solamente eso me haría sentir mucho mejor, pero la realidad era que la vida no me ofrecía ese panorama, desde hace tiempo, a veces la llama de la esperanza se enciende en el momento equivocado, aun cuando la realidad te dice que no puede llegar a pasar, y si la esperanza se enciende es mejor darle un buen uso, comencé a escribir ahogándome en el vaso de cerveza que efervecia delante mío, prendí un cigarrillo y comencé.

Era lunes y salía de trabajar, Gisel me había mandado un mensaje para que no la llamara más, decía que si su novio se enteraba nos mataría, a ella y a mí, como un nene caí en su juego me había tenido y no me necesitaba nuevamente, subí al colectivo y la vi nuevamente a ella, su perfume era tan claro que casi lo podía ver flotando, pero nadie más lo veía, esta vez viajaba con una amiga, las dos sentadas en frente mío, ella reía, era verdad, esa sonrisa valía mucho más que miles de litros de petróleo emanando de la tierra, sonreí y mire hacia abajo, al poco tiempo, se acercó a la puerta del medio acompañada de su amiga, estaban por bajar, no era su bajada, debería tener otros planes, al guardar su celular en la cartera se le cae el monedero justo a mis pies, antes de que se agache lo tomo y se lo doy en la mano mirando sus enormes ojos llenos de expresiones y brillos, con una sonrisa me da las gracias, sonreí, ella sonrió, el tiempo se detuvo en ese segundo, me miro a los ojos, el colectivo se detuvo y abrió sus puertas, su amiga le toco el hombro ella giro aun mirándome a los ojos y bajo, la gratitud de esa sonrisa me duro todo el viaje, nadie me había regalado tanta amabilidad en años, ella no lo sabía, nadie en ese lugar lo sabía, pero verla sonreír me haría feliz y me hiso feliz, por lo menos ese día, luego después de eso, no la volví a ver nunca más.
 
¿Fin?


Nec

Vuelta al infierno

miércoles, 17 de agosto de 2011



Desperté por el ruido que provenía de la calle, gritos y sonido de botellas rotas, gente corriendo, es duro vivir en el infierno, paseo por las calles del mismo, son tibias y acogedoras, sobre todo si sos un hijo de puta, somos pocos y nos conocemos mucho, somos los mismos, estamos atrapados.

Mire por la ventana, una riña callejera, al parecer habían atropellado a un borracho que cruzaba la calle, seguramente atropellado por otro borracho, el tipo estaba sentado en el medio de la calle tratando de recuperarse, un tipo y una mujer lo estaban asistiendo, ya que todos sabemos que por estos barrios no entran las ambulancias, el puto sol radiaba en lo alto, machacando la ciudad, odio los días de calor, los odio.

Me levante y puse mi casete de EUKZ y fui a mear, me mire al espejo, al sucio espejo de mi diminuto baño, de mi horrible departamento, y lo escupí como todas las mañanas, saque lo poco que quedaba de cocaína y la aspire, saque lo poco que quedaba de whisky y lo tome, sali a la calle, con el puto sol golpeándome la frente, eran las cuatro de la tarde, caminando sin saber dónde, solamente tenía ganas de caminar, el día es horrible, la gente en las calles, con sus caras deprimidas, como un pueblo de 1930, viejos en las calles, con la mirada muerta, esperando morir pero no pueden, las mujeres ebrias con el sol en lo alto, realmente hace mucho calor, me acorde de una película que había visto cuando era chico, no recuerdo el nombre, pero era en blanco y negro, me la había mostrado mi abuelo una vez que lo había ido a visitar, recuerdo que era espantosa, muy bizzara, se trataba de una ciudad que estaba encerrada en una esfera de cristal, la gente estaba deprimida, no existía la felicidad, era escalofriante y lo peor de todo es que la estoy viviendo, al pasar por la esquina veo a los pibes drogándose,  es moneda corriente, es la suciedad de la sociedad, camino dos cuadras más y toco el timbre de la casa de Demian, abre la puerta y entro a su casa, al parecer estaba escribiendo, me siento en el borde de la cama , él estaba en la silla de la computadora, el escritorio estaba tapado de botellas y colillas de cigarrillos, saco uno de la caja de Lucky que tenía en el piso y lo enciendo, exhalo el humo por mi boca y le digo.


-          ¿Que estas escribiendo?


-          Una novela de misterio


-          ¿Cuantas páginas vas?


-          Ocho


-          Puedo darle una ojeada


-          No

-          Ok

Luego de buscar un poco encuentro una botella de vodka que tenía un poco, la tome mientras Demian escribía,  hacía mucho tiempo que yo había dejado de escribir, desde que comencé a salir más a las calles, antes, como Demian estaba todo el día encerado, deprimido y melancólico, escribiendo relatos y cuentos, sobre la mugre, sobre la miseria, sobre mi vida, algunas mujeres que los llegaban a leer decían que eran realmente buenos, a mí me importaba un carajo lo que opinaran, lo único que me importaba era sacarles la ropa, meter mi lengua en sus bocas y que se vallan de mi departamento, pero tenía que hacer el trabajo duro de hablar un poco sobre todo para que eso pase, eso me estresaba mucho así que pase a las putas un tiempo, hasta que un día me desperté con la verga irritada así que decidí no coger más putas, putas pagas por supuesto, estaba sentado en el borde de la cama de Demian  mientras él seguía dándole a la computadora, podía escuchar el jodido sonido de las teclas que golpeaba con sus dedos, me dieron ganas de salir de ahí, le dije.

-          Yo me voy a la mierda

-          Vamos, necesito salir de acá – me contesto

-          Dale vamos

Salimos de la casa de Demian, caminando por las calles hablando de un poco de todo, me conto de su mujer, que hacía días que no sabía de ella, la mujer de Demian era una verdadera mierda, borracha, puta, mentirosa y Demian lo sabía, pero prefería seguir hundido en su miseria que tratar de encontrar una miseria un poco mejor, yo lo quiero mucho a Demian pero es un idiota, creo que es un genio, pero es un idiota, se merecería algo mejor, pero la gente a veces se acostumbra a una realidad de mierda y no quiere salir de la misma, la gente es cómoda, no le gusta que los molesten con sus problemas, por eso nunca dije nada con respecto a esto, igualmente mi vida no es mucho más brillante que la de Demian, por lo menos tiene a alguien a quien odiar, alguien además de la sociedad en general o alguien además de tu familia, había recibido una carta de mi madre hace poco, no sé cómo mierda hace pero siempre me encuentra, la carta estaba debajo de mi puerta tapada bajo las boletas de luz y teléfono que no pago hace meses, no sé por qué pero un día se me dio por revisarlas y la encontré, al leer los tres primeros renglones la tire de nuevo al suelo.

Llegamos a una plaza en el centro de la ciudad, fuimos a comprar cerveza y nos sentamos en el pasto, Demian arma un cigarrillo de marihuana y yo miro las mujeres que pasan por enfrente, las mujeres del norte de la ciudad son realmente hermosas, no es como en mi barrio, las mujeres del norte de la ciudad son de piel más delicada, de labios más sedosos y de piernas más fuertes, damas como esas eran algo inalcanzable para cualquiera de nosotros o de cualquier otro que conozcamos, por que por más que tengamos toda la suerte del mundo existe algo que no tenemos y al parecer no vamos a tener, y es el poderoso dinero.

Con solo verlas caminar por la calle, con sus pequeños y ajustados pantalones, con los rayos del sol iluminando sus sedosos cabellos, minas así, no podrían nunca terminar con un tipo que ni siquiera tiene la cordura necesaria como para conseguir un poco de dignidad, basta, es hora de cambiar de tema, hace años descubrí que para ser feliz es solamente necesario no percatarse realmente lo miserable que es tu vida, nunca estarás al tanto de lo miserable que es tu vida, por que aunque no quieras creerlo, todo es más sucio de lo que parece, y todos son básicamente falsos y mentirosos, pero… no prestes atención a eso. Después de tanta charla y tanto mirar mujeres Demian se fue y me quede deambulando por la cuidad, mirando la vereda para encontrar colillas de cigarrillo con un poco de tabaco, o alguna moneda, no encontré nada, ni siquiera un poco de respeto tirado por ahí.

Me di una vuelta por el cine de la cuidad, era horrible, recién abierto, toda la careteada estaba en ese cine, la novedad de la cuidad y por supuesto era la oportunidad de todos los muertos de hambre, la oportunidad para demostrar que realmente no eran tan muertos de hambre, así que trataban de conseguir ropa nueva, gafas, relojes caros y demás accesorios para pasearse en el cine, ya que sabían que todo el mundo estaría ahí o al tanto de quien estaría ahí dentro, dentro del maldito cine, mire para adentro desde las gigantescas puertas de vidrio, estaba completamente lleno, creo que la mayoría ni siquiera sabía la película que estaban dando, solamente se veían caminando erguidos, envidiándose, tratando de encajar o de no desencajar, la mayoría no tenía muy buenos modales al comer, así que era más fácil distinguirlos, a la gente pobre jugando a ser ricos, jugando a ser lo que no son, como cuando eran chicos y quizás fantaseaban con ser doctores o policías, cuando creces y te das cuenta de miles de cosas, los doctores o los policías, por lo menos los que te podes llegar a topar, son todos unos hijos de puta, doctores y policías, no se para que están en este mundo.

Me fui a la vereda de enfrente y me senté en el cordón, mirando hacia el cine, esperando que alguien tire un cigarrillo por la mitad o pedirle a alguien que pase, a la derecha del cine hay una pinturería muy vieja, está cerrada, veo a una pareja besándose en la persiana, con las manos tocándose sus cuerpos, son dos pibes jóvenes, no pasaran de los 20, realmente estaban apasionados, mire hacia dentro del cine a través de las grandes puertas de vidrio, se podía ver a la gente corriendo de un lado a otro y haciendo un terrible escándalo de ello, parecía una pelea y acertadamente resulto serla, el frente del cine era casi todo de un grueso vidrio, al comenzar la pelea la gente se descontrolo, parecían monos vestidos de seda, que estaban volviendo a ser como no podían evitar dejar de ser, destructivos y violentos, la gente comenzó a gritar más alto a correr más rápido, entre todo el ruido, me acerque, de a poco, y entre por la gran puerta de vidrio, pude ver sangre en el piso, la mayoría de la parte de la entrada del cine estaba vacía, pase por delante de la barra de comidas y comencé a buscar alcohol, finalmente encontré la barra, busque debajo de ella envases vacíos, no los encontré, pero encontré dos cocas de 2 litros y medio, vacié su contenido y comencé a llenar los envases vacíos con cerveza tirada, un tipo salió de una puerta que decía “no pasar” me miro, tenía una radio en la mano, comenzó a llamar por ella, cuando un tipo vino corriendo y le atizo un derechazo seco en la mandíbula, cayó al piso y comenzó a sangrar por la boca, salte la barra y Sali afuera, corriendo con mis dos botellas, detrás mío el cine caía más y más en el infierno, no se pueden domar las bestias, solamente hay que dejarlas ser, por tu propio bien, no se puede lucrar con las bestias y esto era la prueba.

Camine hasta el parque y me senté en un banco obscuro a tomar mi cerveza, mi botín, estaba sentado en el medio de la nada cuando veo a una pareja besándose en el banco de la otra punta, bajo un farol que los iluminaba, era realmente tarde y parecía que la plaza estaba vacía, excepto por mí y por ellos, todavía parecían muy excitados, ¿no tendrían lugar para coger?  -  Me pregunte- supongo que no, los miraba tranquilamente ya que ellos no me verían y menos en una situación como esa, se acariciaban, luego ella separaba su boca de la de él y le decía algo, hablaba con ella por unos segundos y luego la tocaba y la besaba nuevamente, ella se separaba cada vez más, el hacía lo mismo pero con más fuerzas, hasta que comenzaron a forcejear, él le pego con la mano abierta, ella se quedó quieta, la tenía apretada del brazo fuertemente mientras ella lo masturbaba a la vez que las lágrimas caían sobre sus mejillas, me dio un poco de pena, era una hermosa chica. Él le decía que era una puta mientras la golpeaba con la mano abierta en la cara y ella seguía, más rápido y más rápido, comencé a masturbarme, no podía evitarlo, ella parecía estar en una pesadilla, el parecía una especie de demonio, con una brazo la sostenía y con el otro golpeaba, la obligo a chupársela, yo miraba desde lo más bajo, con mis botellas de cerveza al lado mío, el acabo con el asunto y yo también, me subí el cierre del pantalón y mire, el tipo cerro la mano y la golpeo en la cara, ella se cayó al piso, llorando tapándose la cara, sollozaba con las manos en la cara y el pelo entre ellas, el tipo la llamo “puta de mierda” se dio media vuelta y se fue, alejándose en la obscuridad, me acerque de a poco a ella, para no despertarla, parecía inconsciente, la toque lentamente en busca de algo de dinero, estaba boca abajo, con las manos en la cara y lloraba, pero apenas se escuchaba, parecía un grito de melancolía, muy triste y agudo, me dio lastima, busque mi cerveza y me senté junto a ella, le acaricie el pelo, ella seguía inmóvil, llorando boca abajo,  la tocaba para que se levantara, me dijo:

-          Suéltame, no me violes por favor – apenas entendí.

-          Quiero ayudarte pero no puedo si seguís ahí tirada, levántate

-          No quiero que me mires la cara, pase el peor momento de mi vida hace un instante – me dijo con la voz quebrada.

-          No te puedo ayudar si no te levantas, está lleno de locos por acá y yo soy un tipo de muy poca paciencia, es fácil vos te paras ahora y yo sigo mi camino, no seas boluda, quiero ayudarte.

 Se levantó y se sentó en el mismo banco, debajo del farol, le pase un poco de mi cerveza, todavía temblaba, parecía débil, no me miraba a los ojos, me dijo que se llamaba Camila, que vivía al norte de la cuidad, que había conocido a este chico antes de ir al cine, se fueron calentando de a poco y terminaron acá, pero ella no quería hacer nada más que besarse y eso por aquí es medio peligroso. La acompañe a que se tomara el colectivo, en el camino se puso más simpática, ya me miraba a los ojos, realmente una hermosa chica, caminaba de una forma que parecía saber lo que hacía, yo tomaba de mi botella mientras llevaba la otra bajo del brazo, la aconsejaba, que no se acerque demasiado a los suburbios y que no confié en toda la gente de aquí. Mejor dicho en nadie.
-          ¿Y por qué tendría que confiar en vos?
-          Por qué en este momento, soy lo único que tenes.
-          ¿Vos también sos una basura?
-          Si
Me sonrió, y bajo tímidamente la mirada, hacía AÑOS que una mujer no me regalaba ese gesto, recordé lo maravilloso que era, recordé cuando era más idiota y pensaba que existía una salida o el amor, luego me acorde de dios, hacía años que no pensaba en él, supongo que será por que nunca pensó en mí, mire a Camila, me despedí con un beso en su mejilla, al dejarla en la parada del colectivo, la parada estaba en el centro así que no iba a pasarle nada, camine dejando caer la botella vacía y destapando la que llevaba bajo del brazo.

Dedicado a nadie

miércoles, 6 de abril de 2011



Algunos me dicen que soy extraño, algunos me dicen que soy demasiado extremista, algunos piensan que soy demasiado tolerante, algunos piensan que soy un talento desperdiciado, algunos piensan que soy un completo idiota, algunos piensan que nunca te quise, algunos se creen todo lo que escuchan.

Las prostitutas y el alcohol no substituyen la perdida de alguien en tu vida y no estoy hablando de la muerte específicamente, pero eso ya lo sabes, pero lo vas a seguir haciendo, la carencia de afecto es algo que nos pasa o nos va a pasar a todos en algún momento, los que estamos acostumbrados, los que somos amigos de la soledad, por supuesto que nos  costara menos, la vida difícil a veces tiene su lado bueno, no perder la calma cuando todo este por estallar, no sería nada nuevo, ¿cuantas veces estuve a punto de estallar? Miles, mi cama ya no te siente más, creo que como ya se ha olvidado un poco de vos, se me hace difícil recordar tu rostro en esta nublada tarde primaveral, aunque sé muy bien que vos también te debes acordar de mí, sí, yo sé que sí, pero hoy no te veo con los mismos ojos, ya que estas sepultada bajo muchos metros de sentimientos, pero te recuerdo, te recuerdo tomada de mi mano, pero no recuerdo tanto tu rostro, recuerdo tu voz, pero no recuerdo tus ojos, recuerdo tu forma de vivir y eso me basta para querer olvidarte.

También recuerdo toda mi locura, toda mi osadía, toda mi fucking hipocresía, casi de cuentos de hadas, nadie sabe de qué estamos hablando, por que sabes bien que este texto es para vos, si, y sabes muy bien que muchos textos de este cuaderno también son para vos, ¿pero por qué? Es como un reflejo, yo dejo mi vida en cada renglón o trato de hacerlo, y es inevitable que estés  en algunos párrafos, tengo todavía mi guitarra, cantar es lo único que me libera que me transporta, a pesar de que soy un cantor pésimo, sinceramente no me importa un carajo, cantar es la única forma que tengo de hablar fluidamente, ¿por algo será no?, por eso canto todo el día, todos los días, todo el año.

Cada minuto cada segundo que pasa creo que lo estoy desperdiciando, pudiendo hacer algo mejor de lo que estoy haciendo ahora, en vez de estar escribiendo debería estar en la casa de ese amigo que me pidió que lo vaya a ver y le mentí diciendo que estaba ocupado, ¿por que hacemos esas cosas? Yo creo que en el fondo no nos importa un carajo nadie, no quiero ser así, seria ser como vos, y odiaría ser como vos, que vida, no sé cómo hacen ¿Cómo hacen?, como viven con ese cargo de conciencia de mierda, como conviven con la culpa de que dañan a otras personas, les pregunto por qué me vendría bien un tutorial, ya que a mí me cuesta, lo odio, me odio a veces y te odiaba, que loca es la vida, los giros que tiene la hacen más interesantes, también la hacen más sombría cuando estas en la cima todo cambia y luego te encuentras tirado en un callejón con una botella en la mano completamente ebrio, con la ropa sucia y el corazón roto, las noches, días y tardes que estoy desperdiciando pensando en vos  y en la forma que tenías de ser, lo que al principio por lo menos era así, por lo menos así, conmigo, eras.

Y con la cordura de un maniaco camino por la vía, ahora solitario, pero el tiempo sigue pasando y de a poco siento todo más tibio, como un útero, siempre tuve la capacidad de adaptarme a todo, y creo que lo estoy consiguiendo nuevamente, me duele, a veces a la noche siento como sangra, pero se detiene, late, lo siento, vive y eso es lo importante, vive , late, siente, sufre, pero vive, y eso es realmente todo lo que necesito, no nos vamos a entender jamás,  y aunque alguna vez todo pareció calmo como una pradera en una tarde soleada, a veces era como estar en el medio de una tormenta en el océano navegando con un pequeño velero, pero no podía darme cuenta, con cada caída crecemos, sacamos lo peor de nosotros, para que luego no nos pase nunca más.

Todos tenemos demonios dentro nuestro y con el correr del día se manifiestan de diferentes formas, de diferentes emociones se compone cada uno, viven con nosotros todo el día simultáneamente y sinceramente nuestros demonios eran demasiado hirientes cuando salían a flote, cuando tomaba de más, cuando creías cosas que no eran así, cuando te vi ese día, cuando me descubriste, cuando te fuiste, cuando morí.

Pero aquí estoy yo eso ya lo sé no lo niega nadie, es mejor vivir las experiencias con los ojos bien abiertos si queremos sacar algo bueno de ellas, yo no pierdo nunca la oportunidad, por que sé que no voy a cometer el mismo error, y el día de hoy me saca una sonrisa el hecho de que cuando alguno de estos días cuando te cruce por la calle y cruces por al lado mío, te voy a mirar, asentiré la cabeza para no parecer mal educado y seguiré mi camino, pensando en mis locuras, cantando a la luna, el mar y el sol, como si nunca hubiera ocurrido, como si nunca hubiéramos sido esa persona que no podía soportarse a sí misma, esa persona cuyos demonios estaban en conflicto, aquella persona que sabía que algún día iba a morir, ahora soy, somos, de nuevo dos seres rondando este mundo, cada uno por su lado, buscando o peleando su historia, como tiene que ser, me despido, con cariño recuerdo.

♪  ♥  ♫

Nec

Hermanos de sangre

martes, 5 de abril de 2011


 

Son las 11 de la noche, otra vez no puedo dormir, mis ojos están cansados y rojizos, mis cuerpo esta exhausto, mi cabeza está agotada, pero cada vez que quiero cerrar los ojos, lo escucho rondando aquí, sus pasos, su respiración, su presencia, a veces escucho sus horribles alaridos, por las noches, cuando el silencio y la obscuridad reinan en todos lados, donde la luz no llega, donde el dolor es un sentimiento tan habitual como hiriente, como las noches sin luna.

A veces pienso que es todo parte de mi imaginación, pero mi hermano sabe bien que no es así, todo empeoro desde el día que desapareció. Vivíamos juntos en un departamento de la vieja cuidad de la Paternal, las noches eran raras, se respiraba un aire espeso e incómodo, como durmiendo en territorio enemigo, las primeras noches, escuchábamos que las cosas se caían, algunas veces encontrábamos rotos los paquetes de víveres que guardábamos en la alacena, pensamos que las ratas de ese lugar tendrían que ser gigantescas, los paquetes de azúcar eran de 5kg, nos quejamos al encargado del lugar, que nos garantizó que no era posible que haya roedores ya que desinfectan antes de la llegada de los nuevos inquilinos, sinceramente pensamos que nos estaba verseando, así que compramos trampas de ratas, muy grandes, y las colocamos cerca de las alacenas y algunas por el piso. Yo durante el día trabajaba de cadete en una agencia de mudanzas y fletes, trabajaba 12 horas haciendo mudanzas, así que por lógica llegaba bastante cansado, solamente pensaba en comer y dormir, no podía vivir, no tenía tiempo para eso, mi hermano por su parte, trabajaba de ayudante de cocina en un restaurant de recoleta, las mismas horas pero con menor esfuerzo y más dinero, teníamos horarios distintos así que no nos veíamos seguido, esa fue una de las razones para compartir el departamento, nos quedaba cerca del trabajo a los dos, y no nos íbamos a cruzar durante el día, eso evitaría que nos matáramos el uno al otro, quiero mucho a mi hermano, pero no podemos estar juntos más de tres horas, siempre fue así.

A la noche del día siguiente, me dormí a las nueve de la noche, algo tarde para mí, a esa hora llega Víctor, mi hermano,  lo escuche cocinando, al poco tiempo me dormí, cuando desperté, voy a la cocina a desayunar un poco de té y me encuentro que la heladera estaba vacía, ya que todo lo que tenía dentro estaba en el piso, furioso fui a despertarlo a Víctor.

-       Che pelotudo, ¿vos viste el desastre que dejaste en la cocina? – le dije mientras lo agitaba

-          ¿Qué te pasa?

-          ¿Viste el desastre que dejaste anoche en la cocina?

-          ¿Yo anoche no estuve en la cocina?

-          ¿Te pensas que soy boludo? Yo te escuche cocinando cuando volviste del laburo

-          yo ceno en el laburo, ¿no te acordas?

-          Dale no me jodas, vos estabas en la cocina anoche

-          Yo vine directamente a dormir, déjame de joder que es re-temprano, dale déjame de joder – me dice mientras se da vuelta y pretende dormir de nuevo

-          Bueno te digo por que alguien entro a la cocina anoche y dejo un desastre

-          ¿Me estas jodiendo?

-          Te lo estoy diciendo en serio, veni fíjate

Fuimos a la cocina y esta vez no podían ser ratas, las ratas no pueden abrir una heladera tan vieja como la nuestra, algunas veces me cuesta abrirla a mí, no podía estar pasando esto.

Tuvimos una larga charla con el casero y con las medidas de seguridad, pero después de las 21 no se le abre la puerta a nadie, solamente entran con llave, y lo más raro es que estábamos en un quinto piso, no podía ser verdad, la ventanas estaban cerradas herméticamente por mí, el clima es fresco a pesar del joven otoño, algo no encajaba, al día siguiente, me dispuse a esperar a lo que sea que nos visitaba a la noche, mi hermano tenía pensado el mismo plan, pero yo no lo sabía, esa tarde llegue a casa y me dispuse a cocinar, cuando el sol caía, me prepare, conseguí un pedazo largo del caño de la construcción de la otra cuadra, el caño era grueso y pesado, de un metro aproximadamente, cerré todas las ventanas y me acosté con el caño a mi lado esperando a el más mínimo ruido, las luces apagadas y las cortinas cerradas, por las cortinas se traslucía el sol que estaba muriendo en el horizonte, que de a poco se iba apagando, a las ocho y media en punto los unos ruidos menores me llamaban la atención, pero no ameritaban mi agresiva aparición, podría espantar lo que sea que estuviera ahí, así que espere con paciencia, se escuchaban, pasos, pero no de zapatillas, las pisadas eran de otra cosa, algo más sólido, como… como pesuñas, caminaba por toda la casa, respiraba muy alto, yo con muchísimo miedo, salí de a poco de mi cama, agarrando el caño con mucha fuerza, llegue hasta la cocina, vi una silueta negra de aproximadamente dos metros, de espalda, la cabeza cubierta de pelo, el torso desnudo, tome el caño con todas mis fuerzas y lo golpee, cae al piso, inconsciente, prendo la luz de la cocina, muy aterrado, lo primero que veo es el charco de sangre debajo del cuerpo de mi hermano Víctor, mi mano soltó el caño que cayó al piso haciendo ruido, cada gramo de mi cuerpo estaba en shock,  era mi hermano, no media dos metros, no tenía el torso desnudo ni la cabeza peluda, era mi hermano, con el pelo corto y un buzo gris, como todos los días, no podía ser verdad, no podía ser.

Gire su cabeza y la apoye en mi regazo, sus ojos estaban en blanco y el hueco en su cráneo me dejaba ver su maza cefálica cubriendo mis manos, ni siquiera podía gritar, solamente emitía una especie de cuasi-grito, aspirando el aire hacia dentro, de a poco no podía respirar bien, mis ojos estaban gigantes, no recuerdo haber parpadeado en horas, de a poco mi hermano se fue enfriando, lo envolví en bolsas de consorcio y lo deje a un lado mientras limpiaba la habitación, mientras que en la obscuridad se escuchaban pequeños ruidos, como escarbos, en la noche, eran las diez, la luna estaba en lo más alto, su luz entraba por mi ventaba con las cortinas cerradas, pero mi cabeza se centraba en mi hermano, había asesinado a mi hermano.

El edificio en el que vivíamos era muy antiguo, tenía una caldera enorme en el subsuelo, que era donde dormía el casero, el viejo Jorge,  tenía setenta años y estaba casi sordo, un casero inútil, ya que sin oído era lo mismo que nada, baje a visitarlo, la caldera estaba apagada, el dormía en una vieja cama, yo estaba aturdido por mis nervios, transpiraba a pesar de los ocho grados que castigaban la cuidad en un crudo y joven otoño; subí a mi cuarto, tomando el carro de cargas del subsuelo, lo entre a mi habitación, mi hermano envuelto en bolsas era demasiado pesado, tendría que llevarlo en partes, lo lleve a la ducha y comencé a cortarlo con una vieja sierra que tenía guardada, primero la cabeza, luego los brazos, luego las piernas, luego el abdomen el cual era demasiado largo, tendría que cortarlo por la mitad, nunca antes había cortado huesos, no sabía que era tan difícil, mi corazón latía tanto y tan rápido que pensé que iba a salir expulsado por mi boca, tarde aproximadamente una hora, que para mí parecieron diez, miraba para atrás a cada rato, con el terror que alguien entre por la puerta y me vea descuartizando a mi propio hermano, mi misma sangre, mi misma sangre mancho el piso de mi departamento, mis cuerpo, mi ducha, mi cabeza y mi psiquis.

Mi hermano ahora está en pequeños paquetes, envuelto en bolsas, lo subo al carro, abro la puerta, salgo al pasillo para asegurarme de que no haya nadie, llevo mi caño conmigo, en efecto, no hay nadie, se escucha a el casero dando vueltas por el piso de arriba, tengo que apurarme, cuando cierro la puerta lo veo, veo la figura de lo que ronda en mi departamento, con el torso desnudo, la cabeza cubierta de pelos, como sus piernas y sus pesuñas, abro los ojos como dos pequeños círculos, mis pupilas se dilatan, me corre un escalofrío por todo el cuerpo, ya no hay vuelta atrás, eso lo arreglare más tarde, bajo por el asesor de servicio, hasta el subsuelo, la caldera esta prendida, se nota por el calor del piso, entro al cuarto de la caldera, la pongo al máximo y de a uno meto los paquetes negros,  que de a poco se van consumiendo, el olor es horrible, pero sale directamente a la calle, me paro detrás dela puerta con el caño en manos en caso de que entre alguien, mientras se carbonizan los paquetes, esto tarda más de lo que imagine, la puerta no se abre y no se escucha nada afuera, las bolsas se pegan a la carne como una nueva capa de piel color brea, miro las partes y pienso, escucho al conserje acercarse, cierro la caldera, y me oculto en lo obscuro, con el caño en mis manos, con mi cara deforme por todo lo ocurrido,  refriego el caño contra mis manos, listo para actuar, el viejo entra y se vuelve a acostar, apaga la luz, la caldera ilumina la pequeña habitación, de a poco y lentamente, salgo de ahí, tomando un hacha que estaba junto al matafuegos, tiro el caño en la basura y me dispongo a enfrentar sea lo que sea que este en mi departamento, lentamente subo por las escaleras, no quiero que advierta mi presencia, de a poco con el hacha en mis manos, con los nervios rotos, con la mirada perdida, con el corazón en la garganta, con el miedo en la punta de todas las partes de mi cuerpo, llego a mi piso.

El camino del pasillo hacia mi habitación es alarmantemente largo, mis pasos son cortos y dudosos, con miedo pero con ganas, ansiedad y terror, temblando de la excitación, un poco demente, pero la demencia no entra en este momento, o tal vez es todo producto de ella, abro la puerta y prendo la luz con el brazo, sin entrar, prendo todas las luces y cierro todas las ventanas, no hay nada, solamente sangre, en el piso de la cocina y un camino de sangre que da hacia el baño, el camino que había hecho yo mismo, comienzo a limpiar, con el hacha siempre a mi lado, en el otro lado de la habitación se escuchaban pequeños ruidos, mis ojeras eran enormes, mi cara era horrible, con un trapo de piso limpiando las paredes de la ducha, arrodillado, con el hacha en mi mano derecha, los ruidos comenzaron a ser más y más constantes,  el suelo estaba cálido, tibio y agradable, me dio una sensación reconfortante, como un suave abrazo de mujer, las luces se apagaron, y escuche los pasos, las pesuñas pegando contra el piso, tac, tac, tac, tac.

Giraban alrededor de la casa, había ruido de bolsas, cuando lo escucho lejos, salgo lentamente del baño, transpirado y con los ojos lagrimeando, lo veo de espaldas, la ventana está abierta, de a poco me acerco, se da la media vuelta y me mira, camina hacia mí, tiene la cabeza de una cabra, es gigantesco, se acerca lentamente, tac, tac, tac, tac… tomo el hacha con las dos manos la levanto en el aire y corro hacia él, con todas mis fuerzas la lanzo contra la bestia, que desaparece como si fuera polvo, el polvo negro cae y se desvanece en el aire, el hacha impacta sobre el piso de parque flotante haciendo un hueco enorme, el grito de los vecinos de abajo no se hace esperar, saco el hacha del piso, la tomo con mis dos manos y me doy vuelta, esperando encontrarlo nuevamente, en el piso de abajo se escuchan ruidos, la gente se despertó, pero no me importa un carajo. Sigo a la expectativa de él, de que se muestre, comienzan a escuchase sus pesuñas por el baño, voy corriendo y lo veo parado dentro del baño, con toda la fuerza de mis manos quiero pegarle con el hacha y nuevamente se desvanece en el aire, el hacha impacta sobre el inodoro, rompiéndolo en pequeños pedazos, el agua comienza a salir, escucho sus pesuñas en la habitación de mi hermano, se desvanece y el hacha impacta sobre el placar de madera haciendo un enorme agujero, los vecinos golpean la puerta como locos, gritando, quejándose, pero no voy parar hasta encontrar a ese hijo de puta, lo escucho en la cocina nuevamente, lo veo parado frente a la ventana, al tratar de golpearlo, rompo la ventana cortándome con un vidrio el antebrazo derecho, sangraba a borbotones, pero no me importaba, la bestia estaba detrás mío, me miraba y respiraba, tenía los antebrazos tatuados, alumbrado por la luz de la luna se podía ver claramente, tenía un pentagrama en la frente, una estrella de cinco puntas dentro de un circulo, baje el hacha un segundo y lo mire fijo.

-          ¿Por qué estas acá? – le pregunte

No contesto

-          ¿Por qué me hiciste matar a mi hermano?

No contesto, solamente se limitaba a ver, parado frente mío, sus cuernos eran largos y ondulados, daba terror, pero a esa altura no me importaba más nada, era demasiado tarde, las sirenas de la policía se escuchaban debajo del edificio, yo lo miraba fijamente, el respiraba fuertemente, mirándome, parado, tranquilo, con una de sus manos me toco el pecho, sentí un gran alivio, como un calor maternal, mi cabeza comenzó a bombear sangre cada vez más rápido, mis ojos se desorbitaban, mi cuerpo temblaba, salía poco a poco sangre por boca, cada vez más, con lo poco que me quedaba de fuerza tire un hachazo hacia él que se desvaneció frente a la puerta, mientras caía al piso vi la puerta romperse, unos policías entraban, cuando impacte el suelo, comencé a perder sangre por la boca, prácticamente la vomitaba, hasta perder conciencia.

Me desperté en un hospital, a la noche, no sé ni qué hora es ni qué día, solamente sé que es de noche y las luces están apagadas, comienzo a escuchar ruidos a lo lejos, detrás de la puerta que está a mi derecha, unos pasos se acercan a lo lejos, no puedo mover un musculo, tengo suero corriendo por mi cabeza y brazos, solamente tengo fuerzas para mover los ojos, indefenso, frágil, impotente lo espero, camina y camina, va y viene, como buscándome, finalmente se abre la puerta, agacha la cabeza para pasar por la misma, se acerca, puedo ver su silueta, pone su mano en mi pecho, cierro los ojos, y es de nuevo ese calor tan agradable, mis ojos se desorbitan y la sangre fluye de a poco por mi boca, como mi último encuentro con él, comienzo a ver cosas, lo veo mi hermano, cuando nos abrazábamos, cuando reíamos, cuando hablábamos, cuando me consolaba, cuando yo lo consolaba a él, puedo sentir las tibias lagrimas saliendo por mis ojos, que ya no pueden ver nada, mi corazón palpita más rápido, el tibio calor de su mano en mi pecho comienza a quemar, más y más, la imagen de mi hermano comienza a pasar más rápido, cuando éramos niños, mis cumpleaños, los de él, la escuela, nuestras peleas, el con el cráneo roto en mi regazo, todo se apaga de a poco, el pecho me arde, es lo único que siento, pero de a poco esa llama se va apagando más y más, esfuerzo por abrir los ojos y veo a la bestia saliendo por la puerta, con mi último aliento digo “Gracias” se da la vuelta y me mira un segundo, luego cierra la puerta.

Nec